27 Junio 202113 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Gratitud Semana 3: Niños

(27 de junio de 2021)

Mensaje basico: “Nuestro objetivo es la gratitud, especialmente por el mayor tesoro terrenal: nuestros hijos. "Den gracias al Señor porque es bueno. Su amor perdura para siempre".

Esta es la tercera homilía de nuestra serie de verano sobre gratitud. Hasta ahora hemos visto que tenemos que empezar con cosas pequeñas: como una semilla de mostaza o que Dios nos dé manos, ojos y pies, y que los tengamos para otro día. El domingo pasado vimos gratitud por el gran regalo de la paternidad que Dios nos dio cuando nos creó hombre y mujer. Hoy (muy apropiadamente) damos gracias por los niños, especialmente cuando vemos al hombre cuya hija cae mortalmente enferma y llama a Jesús.

Antes de pasar a la gratitud por los niños, quiero indicar otras dos causas de gratitud que vemos en las lecturas de hoy. Primero, por vivir en este planeta. El Libro de la Sabiduría dice: " Todo lo creó para que subsistiera.
Las creaturas del mundo son saludables". Ciertamente, este mundo tiene muchos peligros, pero Dios hizo la tierra buena. Debemos dar gracias a Dios por permitirnos vivir en este maravilloso planeta, especialmente por nuestro hermoso valle.

San Pablo menciona otro motivo de gratitud. Al hacer una colecta para los necesitados en Jerusalén, les dice a los corintios, " la abundancia de ustedes remediará las carencias de ellos". Tú y yo también tenemos abundancia. Una persona aquí, que trabaja por un salario mínimo, en realidad puede ganar tres veces más que un maestro de escuela en Perú, y aproximadamente un 25% más que el médico promedio. Deberíamos estar agradecidos por vivir en este país. Más el próximo domingo que es 4 de julio.

Así gratitud por nuestro planeta y gratitud por nuestro país. Nuestro mayor agradecimiento es para nuestros hijos. Cada niño es un tesoro más grande que todos los edificios y automóviles combinados. Podemos ver eso en el Evangelio cuando la hija del oficial de la sinagoga cae gravemente enferma, aparentemente muerta. Jesús toma su mano y le dice: "Talitha koum", que significa: "¡ ¡Óyeme, niña, levántate!!" Esas fueron las palabras más hermosas que el hombre jamás había escuchado. No es de extrañar que los tengamos en su arameo original.

Al levantar a esa niña a la vida, podemos ver que Jesús quiere levantar a nuestros hijos espiritualmente. En última instancia, depende de Jesús, pero podemos ayudar. ¿Cómo? Bueno, tenemos que empezar con gratitud. Dale gracias a Dios todos los días por tus hijos y nietos. Reconoce sus logros. Cada paso hacia la bondad es un paso hacia Dios.

Al mismo tiempo, deberíamos sentir gratitud incluso por las aflicciones. Nos gustaría proteger a nuestros hijos de todo lo doloroso, pero tenemos que reconocer que Dios tiene un propósito para permitir la angustia. San Agustín le dijo a Dios: "Nos has creado para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". Dios está obrando en nuestros hijos atrayéndolos hacia él.

Entonces, mientras damos gracias incluso por el sufrimiento, agradecemos a Dios por levantar personas que pueden tocar el corazón de nuestros hijos. Vemos movimientos de renovación en nuestra iglesia, incluso en nuestra arquidiócesis, por ejemplo, una iniciativa para enseñar a los jóvenes y niños para dar su propio testimonio de cómo Dios obra en sus vidas.

Sé que hay un sufrimiento enorme porque nuestros hijos y nietos se han distanciado de la fe. Algunos de ellos consideran a Dios irrelevante para sus vidas. Otros ven la fe como algo negativo, un obstáculo para liberacion. Y, por supuesto, tenemos que reconocer que el mal ejemplo ha alejado a muchos de nuestros hijos. El próximo domingo, aun mientras celebramos el 4 de julio, veremos cómo Jesús respondio al rechazo por miembros de su familia.

Hoy les pido que recuerden el lema de esta serie de homilías: "El objetivo de la vida es el aprecio". Nuestro objetivo es la gratitud, especialmente por el mayor tesoro terrenal: nuestros hijos. "Den gracias al Señor porque es bueno. Su amor perdura para siempre". amén


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
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Un día, al llegar Jesús con los Apóstoles a Cafarnaún (Mc. 5, 21-43), al bajar de la barca se le acercó mucha gente. Entre la muchedumbre estaba Jairo, el jefe religioso del sitio, quien le pide muy preocupado: “Mi hijita está muy grave. Ven a poner tus manos sobre ella para que se cure y viva”. Mientras comenzó su camino junto con Jairo, el gentío seguía a Jesús y muchos lo tocaban y lo estrujaban.

Entre éstos una mujer que desde hacía 12 años sufría un flujo de sangre tan grave, que había gastado todo su dinero en médicos y medicinas, pero iba de mal en peor. Ella pensó que si al menos lograba tocar el manto de Jesús, quedaría curada.

Y en el momento que tocó el manto, el Señor sintió que un poder milagroso había salido de Él, por lo que preguntó -como si no lo supiera- quién le había tocado el manto. Y no se movió hasta que logró que la mujer se identificara. Le dijo entonces: “Tu fe te ha salvado”. Pero… ¿por qué será que el Señor no le dice que su fe la había “sanado”, sino que la había “salvado”? ¡Ahhh! Es que en toda sanación física -nos demos cuenta o no, intervengan médicos y medicinas o no- actúa Dios. Y Él, no sólo sana, sino que salva.

La sanación física no es lo más importante: es como una añadidura a la salvación. Y si no hay cambio interior de la persona y acercamiento a Dios, de poco o nada sirve la sanación física para el bienestar espiritual.

A todas éstas, a Jairo le avisan en ese momento que ya su hijita había muerto. Jesús prosigue el camino hacia allá. Al llegar a la casa, declara que la niña no está muerta, sino que duerme. Y teniendo como testigos a unos de sus Apóstoles y a los padres de la niña, la hizo volver del sueño de la muerte.

Y es que para el Señor la muerte es como un sueño. Para Él es tan fácil levantar a alguien de un sueño, como lo es levantarnos a todos de la muerte. Y de ese “sueño” nos despertará cuando vuelva en su Segunda Venida para resucitar a todos los muertos.

Que esta niña haya vuelto a la vida terrena -a la misma vida que tenía antes de morir- fue un gran milagro. Pero mayor milagro será cuando Jesús nos resucite en el último día y nos haga llegar a una vida gloriosa, infinitamente mejor que ésta.

La muerte entró al mundo debido al pecado y a “la envidia del diablo” (Sb. 1, 13-16; 2, 23-24). Pero todos vamos a resucitar. El problema es quelos que estén alineados con el diablo van a resucitar, pero para la condenación y estarán separados de Dios para siempre. Pero quienes estén alineados con Dios, ciertamente tendrán que pasar por la muerte física, que no es más que la separación del alma del cuerpo –y eso por un tiempo. Pero después de la resurrección, vivirán para siempre. Y vivirán en un gozo y una felicidad tales, que nadie ha logrado describir aún.

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