3 Febrero 20194 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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4 Tiempo Ord




Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo
Ciclo "C" - Sábado 2 de Febrero de 2019


A cuarenta días después del nacimiento del Niño Jesús, la Liturgia nos lleva al Templo de Jerusalén y nos pone una nota de advertencia y de dolor. Nos anuncia que el Salvador prometido provocará oposición de muchos y, además, que su misión será en dolor -para El y para su Madre- pues el Niño que ha nacido es el Cordero que deberá ser inmolado para la salvación del mundo. * ¿En qué consistía esta ceremonia que cumplieron la Santísima Virgen y San José a los cuarenta días de nacido Jesús? El texto habla del rito de la purificación y de presentar al Niño al Señor. Son dos exigencias que se cumplen en un mismo momento, justamente a los 40 días después del nacimiento. Después de pasar ese tiempo, se consideraba que la madre ya podía presentarse en el Templo y tenía que ofrecer un sacrificio de purificación, que solía ser un cordero y un pichón de paloma. Pero, si era pobre, podía presentar dos pichones. María y José presentaron dos pichones. Por este hecho podemos ver que de veras eran pobres.

No pudieron hacer la ofrenda de los pudientes que era un cordero. Pero nos dice Juan Pablo II (Catequesis 11-12-1996) que ellos llevaron una ofrenda muchísimo más valiosa, porque llevaron al Verdadero Cordero que redimiría la humanidad. * ¿Qué nos dice de la Sagrada Familia el hecho de que cumplan con tanto cuidado todo lo prescrito? Nos habla de la humildad y la obediencia. ¿No tendrían que estar exentos de tantas exigencias los que traían al mismo Dios al Templo? ¿No era Jesús el autor de la Ley? ¿No era María la Pureza misma para tener que ofrecer dos pichones para ser purificada? ¡Qué inmensa humildad! La Madre de Dios, aun siendo inmaculada y purísima, y aun sabiendo que su Hijo era Dios, no dudaba en someterse a los requerimientos de la Ley Hebrea. Y así, cuando llegó el momento partió la Sagrada Familia hacia Jerusalén (Lc. 2, 22-40). * ¿Quién aparece en escena en este momento de la Presentación de Jesús en el Templo?

María estaba pasando por el patio exterior del Templo con su Divino Hijo, pero a nadie llamaba la atención, pues el gentío no sospechaba en lo más mínimo que el Mesías acababa de entrar por primera vez a la Casa de su Padre. Pero sí hubo un hombre, uno solo, que reconoció al Niño Jesús como el Salvador del mundo: gloria de Israel y luz de las naciones. Simeón esperaba a un Redentor diferente al que esperaba el resto del pueblo judío. Los judíos esperaban un redentor terreno. Simeón esperaba a Aquél que traería la verdadera redención: la redención del pecado. El Espíritu Santo le había asegurado que no moriría sin conocer al Mesías prometido que salvaría al mundo de sus pecados. Ante todo lo dicho por Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, José y María estaban maravillados.

Deben haberse sorprendido de que Simeón pudiera saber quiénes eran y que se apareciera justo en este momento. Al presentar a su Hijo al Altísimo en el Templo, María debió haber tenido una elevada oración de entrega de Jesús al Padre, pensando los sufrimientos que debía pasar para completar la Redención. Los presentimientos de su Madre, se ven confirmados por lo que Simeón le revela: una espada te atravesará el alma. Y ese dolor lo tuvo la Madre desde ese momento y lo vivió de manera superlativa en la cruz, cuando una espada también atravesó el alma de ella. Nos dice Juan Pablo II en su Encíclica Madre del Redentor, que las palabras de Simeón fueron una segunda Anunciación para la Virgen. Es cierto, aquí en la Presentación en el Templo, María tiene un panorama más completo sobre el dolor que ella compartirá con su Hijo para la realización de la Redención. Ya ella había dado su fiat. Y lo volvió a dar en esta segunda Anunciación y lo siguió dando durante toda su vida, hasta entregarlo como el Cordero muerto en la Cruz para la salvación del mundo. *

¿Qué significa el que Jesús sería signo de contradicción? Ya desde su infancia comenzó la contradicción, la oposición, la disputa. Fue perseguido por Herodes y por eso tuvieron que huir a Egipto. Cuando comenzó su vida pública, tuvo la oposición acérrima de Fariseos y Saduceos. Lo acusaron de estar ligado a Satanás. En su pueblo, Nazaret, trataron de empujarlo por un barranco, por lo que había dicho en la Sinagoga allí. En la Fiesta de la Dedicación del Templo trataron de apedrearlo por blasfemo. Lo acusaron ante Pilato de alebrestar al pueblo. Sus enemigos no cejaron hasta no verlo muerto en la Cruz.; Inclusive después de su Resurrección, la oposición a su doctrina y a su Iglesia continúa. Muchos aceptarían la salvación que nos trae este Niño recién nacido, pero muchos la rechazarían. La salvación fue realizada por Jesús, pero somos libres de aceptarla o de rechazarla. Es el misterio de la libertad humana. Jesús lo ha hecho todo y desea que todos aprovechemos la salvación que El nos ha regalado, pero requiere que respondamos a ese gran regalo con algo muy pequeño e insignificante, pero que a veces nos parece muy grande e importante: nuestra voluntad.

Nuestra voluntad entregada a El, como la entregó su Madre, que se hizo y se reconoció "esclava del Señor” (Lc. 1, 38), y gracias a Ella y a su entrega, Dios realizó la obra de salvación de la humanidad. * ¿Cómo y cuándo se celebra la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo? Cada 2 de Febrero se cumplen los 40 días después del Nacimiento el 25 de Diciembre. Ese día se celebra la Presentación de Jesús y la Purificación de su Santísima Madre. * Pero ¿por qué es la Fiesta de la Candelaria? Porque, como Cristo fue anunciado por Simeón como la Luz del Mundo, ese día se bendicen las velas que a todo el mundo le interesan tanto. Lamentablemente, no porque quieren reconocer a Cristo como Luz del Mundo, sino porque buscan las velas benditas como protección y a veces hasta como superstición. Nuestra Señora de la Candelaria es la Santísima Virgen representada con una vela o candela en sus manos, la cual se venera ese día. La Santísima Virgen y San José, Simeón y Ana son modelos de lo que Dios requiere de nosotros para realizar su obra de salvación: docilidad a Dios y entrega a su Voluntad, que nos son dadas especialmente en el recogimiento y oración. Si los imitamos, el Espíritu Santo nos hará saber que Jesús es nuestro Salvador y así El podrá cumplir en nosotros su obra de salvación.

Así podremos ver que aún siendo "signo de contradicción”, El es "Luz que alumbra las naciones”… que alumbra a cada uno de nosotros. Las velas benditas de esta Fiesta de la Presentación del Señor nos recuerden que para nosotros Jesús es Luz y no signo de contradicción, pues nos dejamos iluminar y guiar dócilmente por su voluntad. 4 Tiempo Ord


Domingo 4 del Tiempo Ordinario - Ciclo "C"
3 de Febrero de 2019


La viuda de Sarepta
El Evangelio de hoy nos trae esa frase tan conocida: "Nadie es profeta en su tierra", la cual fue pronunciada en primera instancia por el mismo Jesucristo. Y la dijo cuando en su pueblo, Nazaret, no quisieron creer lo que acababa de decirles: que la profecía de Isaías sobre el Mesías se refería a El mismo. Nos cuenta el Evangelio (Lc. 4, 21-30) que la gente "aprobaba y admiraba la sabiduría de las palabras" de Jesús. Pero que alguno de ahí mismo se le ocurriera declararse el Mesías, ya eso era inaceptable.

¿Qué le sucedió a los nazaretanos contemporáneos de Jesús? Lo mismo que nos sucede a nosotros. Primeramente, por orgullo y envidia no podían aceptar que uno de su mismo círculo, conocido por todos, pudiera destacarse más que ellos. ¡Mucho menos ser el Mesías! Y comenzaron a comentar: "Pero ... ¿no es éste el hijo de José?" Jesús penetra sus pensamientos y les agrega: "Seguramente me dirán: haz aquí en tu propia tierra todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm". Y de seguidas la sentencia: "Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra". Luego les demuestra con sucesos del Antiguo Testamento cómo Dios es libre de distribuir sus dones a quién quiere, cómo quiere y dónde quiere. Les recuerda el caso de la viuda no israelita, a la cual fue enviada el gran Profeta Elías (cfr. 1 Reyes 17, 7). "Había ciertamente muchas viudas en Israel en los tiempos de Elías ... sin embargo a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón". Pasó luego a recordarles otro hecho similar: la curación del leproso Naamán, que era de Siria, en tiempos del Profeta Eliseo (cfr. 2 Reyes 5). El Señor quiso demostrarles que la gracia divina no era sólo para los judíos, el pueblo escogido de Dios, sino para toda persona, raza, pueblo o nación que le quisiera recibir.

Para mostrar esto, Dios benefició en tiempo de los Profetas a gente que no pertenecía al pueblo de Israel. Pero los de su pueblo se enfurecieron tanto con Jesús, que Lo sacaron de la ciudad con la intención de lanzarlo por un barranco, cosa que no pudieron lograr. Igual que a Jesús, también los que tienen la misión de anunciar la verdad han sufrido y sufrirán rigores similares. El cristiano que vive y anuncia a Cristo es -como El- "signo de contradicción". Por eso el Papa nos ha dicho que nos toca remar contra la corriente: si vamos a seguir y a anunciar a Cristo, hay que estar dispuestos a aceptar críticas y hasta persecuciones. Sucedió lo mismo a los Profetas del Antiguo Testamento, entre éstos, a Jeremías quien, al reconocerse escogido por Dios, teme y trata de negarse a su vocación. Es lo que nos trae la Primera Lectura (Jer. 1, 4-5; 17 y 19). Pero Dios, que escogió a Jeremías desde siempre, no sólo lo anima, sino hasta lo amenaza, para que no deje de cumplir la misión que le ha asignado. "Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocí; antes de que tú nacieras, Yo te consagré y te destiné a ser profeta de las naciones ... Tú ahora renueva tu valor y ve a decirles lo que Yo te mandé.

No temas enfrentarlos, porque Yo también podría asustarte delante de ellos ... Ellos te declararán la guerra, pero no podrán vencerte, pues yo estoy contigo para ampararte". Cuando Dios escoge para una misión -no importa cuál sea- no da marcha atrás y proporciona toda la ayuda necesaria para cumplirla. Como nos dice San Pablo en sus enseñanzas sobre los carismas y las diferentes funciones dentro de la Iglesia unos serán llamados para ser apóstoles, otros profetas, otros maestros, otros administradores, etc., etc. Otros serán fieles en el pueblo de Dios. (1 Cor. 12, 4-31) A los apóstoles, profetas y maestros, toca asumir los riesgos, seguros de que Dios los acompaña. A los fieles, toca evitar consideraciones humanas llenas de orgullo, envidia o egoísmo, y actuar con humildad, sencillez y generosidad, tratando de seguir a los escogidos de Dios.

En la Segunda Lectura (1 Cor. 12,31 – 13,13), San Pablo continúa su enseñanza sobre el funcionamiento de la Iglesia y sobre los Carismas, como dones del Espíritu Santo. Y habla de "un camino mejor" que los Carismas, que las limosnas y que las penitencias: el gran don del Espíritu Santo que es el Amor. Y por su explicación posterior nos damos cuenta que el "amor" a que está haciendo referencia el Apóstol no es el amor-caridad del léxico moderno que significa dar limosnas o ayuda, tampoco como el amor humano que puede existir entre esposos o entre padres e hijos. San Pablo nos dice que de nada sirve ningún Carisma –ni la profecía, ni la penetración de los misterios, ni la revelación … ninguno- si no amamos. De nada nos sirven las "caridades" o la caridad extrema ("aunque repartiera todos mis bienes"), si no amamos. De nada nos sirve ninguna penitencia, ni la más atrevida ("aunque me dejara quemar vivo"), si no amamos. Se refiere San Pablo al Amor-Caridad que viene de Dios mismo. Ningún carisma, por muy elevado que fuera es más importante que el Amor. Ninguna limosna, por más completa que fuera, es más importante que el Amor. Ninguna penitencia o ejercicio ascético por más extrema que fuera, es más importante que el Amor.

Ahora bien … ¿en qué consiste este "Amor" de que nos habla San Pablo, que durará por siempre y que sobrevivirá a los carismas y a la Fe y la Esperanza? Al comparar San Pablo el Amor con la Fe y con la Esperanza, podemos inferir que nos está hablando de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Todos dones "infusos", regalos que no merecemos y que recibimos directamente de Dios. Ese "Amor", entonces, es el mismo "Amor" de que nos habla San Juan (cfr. 1 Jn. 4, 7-16), el Amor que viene de Dios, el Amor-Caridad. Tenemos, por tanto, que ver la doble dimensión y la doble dirección del Amor: amor a Dios y amor a los demás. Y no podemos amar a Dios, ni a los demás, sino es Dios Quien ama en nosotros, pues Dios es la fuente del Amor, así como es la fuente de los carismas y la fuente de la Fe y la Esperanza. El amor consiste, entonces, en que es Dios quien nos ama y a través de ese Amor, don de Dios, podemos amarle a El y amar a los demás. Alerta San Pablo sobre la filantropía, ayuda o limosnas vacías de amor. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo, pero no por amor, sino para recibir alabanzas, de nada me sirve.

Porque el Amor es tan importante, San Pablo ante el Amor, rebaja todos los carismas y los dones extraordinarios. Luego pasa a hacer una descripción del amor: "es paciente, servicial y sin envida. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza ni busca su propio interés. No se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta". Así es el Amor de Dios. Así será nuestro amor, si amamos en Dios. También, según San Pablo, el amor es superior a la fe y la esperanza. "El mayor de las tres es el amor". Pero, no hay amor auténtico sin fe ni esperanza. Las tres virtudes subsisten ahora; en la eternidad sólo será el Amor, pues ya tendremos el objeto de nuestra fe y nuestra esperanza. El amor, entonces, llegará a su plenitud "cuando veamos a Dios cara a cara. Ahora conocemos en parte, pero entonces le conoceré a El como El me conoce a mí. Ahora vemos como en un espejo y en forma confusa". Luego conoceremos a Dios tal cual es y viviremos plenamente su Amor.


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