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Homilies.net         19 Feb 2012         7 Tiempo Ord
  Las homilías se anuncian no más tarde que durante la semana antes del domingo que se necesitan.  
 

Homilia de Padre Phil Bloom
http://stmaryvalleybloom.org/
* disponible en inglés - ve homilías Inglés
7 Tiempo Ord
Un Tentativo de Negar el Pecado
(19 de febrero de 2012)

Tema Básico: Mas que nunca esta Cuaresma necesitamos un encuentro personal con Jesus que es Dios, el unico que puede perdonar el pecado.

Un mito común sobre Jesús dice: El Jesús “original” era un hombre compasivo que quería ayudar a la gente para enfrentar sus problemas, tener auto-estima y tratarse bien uno al otro. Pero sus seguidores empezaban a añadir milagros y poco a poco divinizarlo hasta que Pablo desarrolló una teología que lo hizo Dios.*

El evangelio de hoy explosiona el mito. Para la mayoría de los estudiosos, el evangelio más antiguo es San Marcos. Ciertamente es el más sencillo y directo. No obstante, al su comienzo vemos uno de las más fuertes declaraciones de la divinidad de Jesús: Él perdona los pecados.

Para nosotros este no parece gran cosa, pero solamente porque nos hemos olvidado lo que es pecado. Supone que el hombre bajado por el techo era un estafador que había engañado personas de sus recursos vitales. Sería posible sentir mal por la condición actual del paralítico, pero si Ud. fuera una de las victimas, todavía resentiría la absolución de Jesús.

Sería como si yo visitara un asesino serial y anunciara, “Yo te perdono.” Familiares de las personas matadas reaccionarían con amargor. En mi caso su enojo sería justificado.

Pero, con Jesús, es otro asunto. Robar y matar ofenden a él más directamente que las victimas. Él es la Fuente de vida y todo bien creado. La gente tenía razón en preguntar:

“¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” (Mc 2:7)

Aceptar a Jesus como Dios - el unico que puede perdonar los pecados - tiene implicancias enormes. Quisiera mencionar una implicancia al entrar en la Cuaresma: Si aceptamos a Jesus como Dios, significa que somos diferentes del mundo. Vivimos en una sociedad que tienta negar el pecado - y asi negar la necesidad para Cristo. Digo "tentar" porque como ha mostrado el profesor J. Budziszewski la conciencia tiene su forma de volver. (ver The Revenge of Conscience: Politics and the Fall of Man)

Si alguien tiene una conciencia culpable (y no arrepiente) no puede aguantar que los otros no acepten lo que hace. En los ultimos años hemos visto a que punto iran algunos para decir que no ha nada mal con cosas como homosexualidad, aborto, esterilizacion y contracepcion. Y no solamente que no hay nada con esas cosas sino que son bienes positivos. Asi, aceptar la homosexualidad requiere una redefinicion de matrimonio y la aceptacion de contracepcion, abortifacientes y esterilizacion requiere su cobertura universal en los planes de salud.

El Catecismo dice que esto refleja "dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí." 2370 Estamos en un combate espiritual - y la linea de batalla va por medio de nuestra sociedad. Y para ser honestos - la batalla esta en tu corazon y el mio.

Necesitamos la Cuaresma 2012. Necesitamos las disciplinas espirituales de oracion, ayuno y sacrificio economico. En nuestra sociedo vemos una campaña agresiva de negar el pecado. Y la campaña tiene herramientos poderosos (los medios de comunicacion, las universidades, cortes, etc.) y sin compuncion, usa palabras no para expresar la verdad sino para golpear a los que resisten. Y la campaña tiene exito - ha impactado aun a nosotros que la oponemos. Mas que nunca esta Cuaresma necesitamos un encuentro personal con Jesus que es Dios, el unico que puede perdonar el pecado.

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*A pesar del hecho que sus cartas se encuentran hacía el fin del Nuevo Testamento, no son, como supone este mito, los últimos escritos. Al contrario son los primeros. Su Primera Carta a los Tesalonicenses, escrita cerca 52 A.D., es el más temprano texto del Nuevo Testamento.
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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
http://www.homilia.org
7 Tiempo Ord
DOMINGO 7 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
19 de Febrero de 2012 -

“Voy a realizar algo nuevo”. Eso nos promete el Señor por boca del Profeta Isaías en la Primera Lectura de este Domingo (Is. 43, 18-25). Se refiere a su obra salvadora. Versículos antes se lee: “Yo soy Yahvé y Yo soy el único Salvador” (Is. 43, 11).

Ese “algo nuevo” lo efectúa el Señor realizando su obra de salvación en cada uno de nosotros. Nos dice por boca del Profeta que ese “algo nuevo ya está brotando. Y pregunta: “¿No lo notan? Voy a abrir caminos en el desierto y haré que corran los ríos en tierra árida”. El desierto y la tierra árida somos nosotros mismos que, sin Dios, sin aceptar su salvación, sin buscar su perdón por nuestras faltas, somos así: como tierra reseca y árida, donde no pueden crecer los frutos de la salvación que Cristo realizó con su vida, pasión, muerte y resurrección.

Y cabe preguntar ¿existe salvación fuera de Cristo, existe salvación fuera de la Iglesia fundada por Jesucristo? Este tema es siempre de actualidad y el Papa Juan Pablo II quiso tratarlo con gran claridad y precisión. Y nos dijo que toca este importante tema, para enfrentar “ideas y opiniones erróneas y confusas, presentes en la discusión teológica y entre grupos y asociaciones eclesiales”, ideas que tienden a desconocer a Cristo como Salvador único y universal, y a disminuir la necesidad de la Iglesia de Cristo para la salvación.

Tal es el caso, comentaba el Papa, de algunos que piensan y predican un supuesto “carácter limitado de la revelación de Cristo, que encontraría un complemento en las demás religiones”, como si la verdad sobre Dios no pudiera ser captada y manifestada en su totalidad por ninguna religión, ni tampoco por Jesucristo mismo. Nos dice que es erróneo considerar a la Iglesia como un camino más de salvación, junto con otras religiones que serían complementarias a la Iglesia. Pide que se excluya una cierta mentalidad que piensa que “una religión vale por otra”. O -dicho en otros términos- “da lo mismo cualquier religión”.

El Papa nos asegura la “unicidad y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia que El fundó. En efecto, el Señor Jesús constituyó su Iglesia como realidad salvífica: como su Cuerpo, mediante el cual El mismo actúa en la historia de la salvación ... El Concilio Vaticano II dice al respecto: ‘El santo Concilio, basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación’ (LG, 14)”.

www.buenanueva.net/Teologia/1_4cualquieReligion.htm

El Papa Benedicto XVI ha profundizado estos argumentos, especialmente en un Documento del año 2007, del que se extraen estos conceptos:

Cristo «ha constituido en la tierra» una sola Iglesia y la ha instituido desde su origen como «comunidad visible y espiritual». Ella continuará existiendo en el curso de la historia y solamente en ella han permanecido y permanecerán todos los elementos instituidos por Cristo mismo. «Esta es la única Iglesia de Cristo».

Sobre las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma, éstas «no han conservado la sucesión apostólica ni la Eucaristía válida»; «no son Iglesia en sentido propio», sino "Comunidades eclesiales", como dice la enseñanza conciliar y post-conciliar»

«A pesar de que estas claras afirmaciones hayan creado malestar en las Comunidades interesadas e incluso en campo católico, no se ve, por otro lado, cómo se les puede atribuir el título de "Iglesia"», «puesto que no aceptan el concepto teológico de Iglesia en sentido católico y carecen de elementos que la Iglesia católica considera esenciales».

De toda formas, «en cuanto tales, dichas Comunidades poseen realmente muchos elementos de santificación y verdad, por lo que, sin duda, tienen un carácter eclesial y un consiguiente valor salvífico», reitera.

(Del Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 29 de junio de 2007, solemnidad de los Stos. Apóstoles Pedro y Pablo).

Como vemos, el Papa Bendicto reitera el valor salvífico que puedan tener esas “comunidades eclesiales”. Eso también lo ha resaltado el Concilio Vaticano II y lo recordaba Juan Pablo II respecto –inclusive- de grupos no-cristianos: “los no cristianos pueden ‘conseguir’ la salvación eterna ‘con la ayuda de la gracia’ si ‘buscan a Dios con sincero corazón’ (LG, 16). Pero en su búsqueda sincera de la verdad de Dios están de hecho ‘ordenados’ a Cristo y a su Cuerpo, la Iglesia. Y, de todos modos, se encuentran en una situación deficitaria si se compara con la de los que en la Iglesia tienen la plenitud de los medios salvíficos” (JP II, 28-1-2000).

La salvación ya fue realizada por Jesucristo. Todos nosotros debemos acogernos a la salvación que El nos ha regalado. ¿Cómo? Sabiéndonos y sintiéndonos necesitados de esa salvación. Todos somos pecadores ... sin excepción. Todos necesitamos del perdón que nos trae Cristo con su obra salvadora. Veamos el caso del paralítico de Cafarnaúm, del cual leemos en el Evangelio de hoy, quien no pudiendo hacerlo entrar por la puerta del sitio donde se encontraba Jesús, lo bajaron en su camilla por un agujero que abrieron en el techo y lograron colocarlo frente al Señor. ¿Qué es lo primero que le dice Jesús al paralítico? “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Luego, para demostrar el poder de Dios de perdonar los pecados, le dijo “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Y así fue. “¡Nunca habían visto una cosa igual!” (Mc. 2, 1-12).

“Ciertamente la enfermedad nos hace sentir la debilidad y la fragilidad humanas y sentimos el deseo de curarnos. La enfermedad no deja de ser una prueba, pero está iluminada por la esperanza” (JP II, Jubileo de los Enfermos, 11-feb-00). Aunque no se sane, el enfermo tiene la esperanza de saber que su sufrimiento, mientras dure, tiene sentido en la cruz de Cristo, uniendo su sufrimiento al de Cristo, para que tenga valor redentor.

Sabemos que Dios sana físicamente a quien quiere y cuando quiere ... y lo hace de diferentes maneras. Jesús sanó en formas diversas: a unos los sana imponiéndoles su mano; a otros dándoles una orden; a otros a distancia; a otros cuando tocaron su manto; a otros untándole barro, etc. etc. Pero siempre la principal sanación que realiza el Señor es espiritual. Por eso lo primero que le regala al paralítico de este Evangelio es la sanación de sus pecados.

Sabemos también que la enfermedad, aunque no haya sanación física, puede llevar a una sanación espiritual de fondo. Tal es el caso de algunos santos, como San Ignacio de Loyola, cuya conversión tuvo lugar en su convalecencia por una lesión de guerra en una pierna. Tal es el caso de algunos en nuestros días.

En el año 2000, en el Jubileo para los enfermos realizado en Roma, entre otros enfermos e inválidos que estuvieron con el Papa, se encontraba el jugador de voleibol estadounidense de los años 70, Kirk Kilgour, “el ángel rubio”, conocido así por la altura de sus saltos y por su cabellera rubia. Llevaba para ese momento 24 años en silla de ruedas. He aquí su testimonio escrito en poesía: “Le pedí a Dios que me diera fuerzas para ejercer proyectos grandiosos y me ha hecho débil para mantenerme humilde. Le pedí a Dios que me diera salud para realizar grandes empresas, y me ha dado dolor para mejor comprender. Le pedí a Dios todo para gozar de la vida, y me ha dejado la vida para que pueda gozar de todo”.

Ahora bien, la peor parálisis no es la parálisis física, como la del paralítico de Cafarnaún, como la del jugador de voleibol. La peor es la parálisis espiritual. Por eso el Señor comienza sanando al paralítico de sus pecados, ya que el pecado nos hace paralíticos para andar por el camino de la salvación que nos lleva a la Vida Eterna.

Cristo nos quiere perdonar. Sólo nos pide el “sí” de que nos habla San Pablo en la Segunda Lectura (2 Cor.1, 18-22). Cristo dio su “sí” incondicional y definitivo. El espera que nosotros también le demos nuestro “sí”, nuestro “amén”, nuestro “así sea”. Y, como nos recuerda San Pablo, que no estemos dando contramarchas: que no sea primero “sí” y después “no”, sino que digamos sí y mantengamos nuestro “sí”.

Esos “no” son nuestros pecados. Y el pecado nos hace paralíticos y nos impide andar por el camino de la salvación que nos lleva a la Vida Eterna. Pero Cristo nos quiere perdonar, nos quiere restablecer en el camino de la salvación. El tiempo es muy propicio. Pronto viene la Cuaresma, esa época especial de conversión, de arrepentimiento, de perdón, de confesión.

Aprovechemos las gracias o medios salvíficos que, como nos recuerda el Papa, en la Iglesia Católica existen a plenitud. Entre éstos, la Confesión Sacramental, que no existe en otras religiones.

¡Qué maravilloso regalo nos dejó el Señor con este Sacramento! Arrepentirnos, dejar el peso de nuestros pecados en el confesionario … Y sabernos genuinamente perdonados, cuando el Sacerdote levanta su mano para la absolución. Igual que Jesús con el paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”.

¿Por qué seguir paralíticos, si Jesús nos espera en el confesionario, para limpiarnos de pecado y ponernos a andar nuevamente por el camino de la salvación?
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