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6 Tiempo Ord |
El
Leproso Adentro
(12 de febrero de 2012)
Tema Básico: Jesus curó al hombre con la lepra. Quiere
sanar al leproso adrentro.
Muchos de ustedes han escuchado de , Robert Louis Stevenson. No
solamente escribio cuentos como "La Isla de Tesoro," sino obras mas
serias como "El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde." En esa
novela, explora la combinacion de bien y mal en una persona.
Como Stevenson observa dramaticamente, un ser humano puede tener
aspiraciones altas y al mismo tiempo hacer cosas horribles. La
existencia de tanta maldad y crueldad causo a Stevenson dudar la
existencia de dios. Todas sus dudas se juntaron cuando por primera vez
encontro con un leproso. Los leprosos no solamente sufrian una
condicion fisica dolorosa sino un tratamiento duro y cruel. Como puede
Dios permitir tanto sufrimiento y crueldad? Antes de contar del
encuentro de Stevenson con un leproso, quisiera dar una pequena
descripcion de la enfermedad:
"La lepra es una enfermedad bacteriana crónica de la piel, los
nervios de las manos y los pies y las membranas de la nariz. Uno de los
primeros síntomas es la insensibilidad al dolor, que no se
advierte ante rasguños o quemaduras. Las zonas insensibles
adquieren una coloración distinta al resto de la piel. Con
frecuencia aparecen parálisis musculares y fragilidad en los
huesos, especialmente en los dedos de las manos y pies. Otros
síntomas, ya más tardíos, son el abultamiento de
la frente y la distorsión facial, a la que se ha llamado 'cara
leonina'."
La descripcion medica da una idea del horror de la lepra. El horror fue
aumentado porque Robert Louis Stevenson encontro el leproso en un
ambiente bello - la isla hawaiana de Molokai. En el siglo diecinueve -
antes de tener una cura para la enfermedad - los exiliaron a un lugar
lejano. Cundo Stevenson visito a la colonia de leprosos en Molokai, lo
choco y le hizo dudar la existencia de Dios. Stevenson escribio que vio
"deformaciones abominables...como en una pesadilla...un lugar terrible,
un infierno."
Stevenson probablemente habria caido en desesperacion si no vio otra
cosa mas. En la misma isla un grupo de cristianos habian establecido un
clinica para cuidar a los leprosos. Entre esos cristianos habia un
sacerdote de Belgica, el Padre Damian Joseph de Veuster. La vida del
Padre Damian le inspiro tanto que escribio una carta en su defensa
contra acusaciones y prognosticando su canonizacion. Su
prognosticaciones son acertadas: En 1995 el Papa Juan Pablo beatifico
al Padre Damian. Ahora esta conocido como el Beato Damian de Molokai.
La compasion del Beato Damian profundamente impresiono a Stevenson.
Hoy vemos el mayor ejemplo de compasion. Acuerdense que, al tiempo de
Jesus, la lepra era mas que una terrible enfermedad fisica. Tambien
trajo consecuencias sociales y religiosas. El leproso tenia que
mantener su distancia de otros, llevando una campana y gritando
"contaminado! impuro!" Y mas cruel, fue separado de la consolacion de
ritos religiosos. Jesus hizo algo extraordinario. Toco al leproso. Al
tocarlo, se contamino. San Mateo dijo, "llevo nuestras enfermedades."
Jesus lo hizo porque vio mas alla del desfigurar de la lepra. Vio el
valor de la persona - a pesar de deformidad exterior y deterioro
interno. La duda nos tenta, pero hay una cosa que no podemos dudar: la
compasion de Jesus.
Robert Louis Stevenson vislumbro algo de esa compasion cuando visito la
isla de Molokai. Supero sus dudas y expreso su fe en Dios. Antes de
salir de Molokai, escribio un poema que puso en el libro de huespedes.
Admitio que fue tentado a negar a Dios. La belleza de la compasion, sin
embargo, le causo acallarse y adorar a Dios. Aqui es el poema:*
Ver este lugar de lastima infinita
El brazo podrido, la cara destorcionada,
El inocente sonriendo a su castigo
El necio fue tentado a negar a Dios.
Mira y se encoge. Pero mira otra vez.
Ay, belleza que brilla del dolor
Y aun el necio se calla y adora."
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6 Tiempo Ord |
DOMINGO 6 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
12 de Febrero de 2012 -
Desde siempre en la predicación y en los comentarios a la
Sagrada Escritura, la lepra ha sido considerada como la
expresión física de la fealdad y el horror que es el
estado de pecado. Sin embargo, mientras la lepra del cuerpo es tan
repugnante y tan temida, la del alma pasa casi inadvertida.
Según la Ley de Moisés, la lepra era una impureza
contagiosa, por lo que el leproso era aislado del resto de la gente
hasta que pudiera curarse. En la Primera Lectura vemos que la Ley daba
una serie de normas para el comportamiento del leproso, de manera de
evitar el contagio con los demás. Se prescribía que
debía ir vestido de cierta manera y debía ir anunciando a
su paso: “Estoy contaminado! ¡Soy impuro!” (Lv. 13, 1-2.44-46).
Se creía también que la lepra era causada por el pecado.
Por eso, los leprosos eran considerados impuros de cuerpo y de alma.
Todos los demás daban la espalda a los leprosos. Menos
Jesús. Son varias las curaciones de leprosos que realiza el
Señor.
Una de ellas es la del leproso que vemos en el Evangelio de hoy, quien
se acerca a Jesús y, de rodillas, le suplica: “Si tú
quieres, puedes curarme” Y, Jesús, “extendiendo la mano, lo
tocó le dijo: “¡Sí, quiero: Sana!” Inmediatamente
se le quitó la lepra y quedó limpio. (Mc. 1, 40-45).
¡Qué grande fe la de este pobre leproso! Y
¡qué audacia! No tuvo temor de acercarse al Maestro. No
tuvo temor de que le diera la espalda. La fe cierta no razona, no se
detiene. Quien tiene fe sabe que Dios puede hacer todo lo que quiere.
Para Dios hacer algo, sólo necesita desearlo. Por eso el pobre
leproso se le acerca al Señor con tanta convicción. Por
eso el Señor le responde con la misma convicción:
“¡Sí quiero: Sana!”
Nos dice el Evangelista que Jesús “se compadeció”, “tuvo
lástima” del leproso. Tiene el Señor lástima de la
lepra que carcome el cuerpo. Por eso la cura. Pero más
lástima y más compasión tiene aún
Jesús de la lepra del pecado que carcome el alma. Por eso toma
sobre sí nuestros pecados para salvarnos, apareciendo El
también “despreciado y evitado por los hombres, como un leproso”
(Is. 53, 3-40). Es la descripción que hace el profeta
Isaías cuando anuncia la Pasión del Mesías.
La Segunda Lectura tomada de San Pablo (1 Cor. 10, 31-11,1) nos habla
de la obligación que tiene todo cristiano de hacer todo “para la
gloria de Dios”; es decir, pensando antes de actuar si lo que hacemos,
cualquier cosa que hagamos, desde comer y beber, es para dar gloria a
Dios. Asimismo nos recuerda en qué consiste la caridad
cristiana: complacer a los demás (dar gusto a todos en todo) y
buscar el interés de los demás ... y no el propio
interés. Pero ese “dar gusto” y ese “buscar el interés de
los demás” tiene una finalidad muy específica. No se
trata de complacer por complacer cualquier capricho, ni buscar
satisfacer el interés egoísta de los demás, sino
que queda muy, muy claro cuál es ese interés que debe
perseguir quien quiere ser imitador de Cristo, como lo fue San Pablo.
Lo dice muy claramente: “sin buscar mi propio interés, sino el
de los demás, para que se salven”. Es decir, el servir a los
demás, el buscar el interés de los demás, debe
tener como finalidad la búsqueda de su mayor bien, que es la
salvación eterna. Esto debe tenerse siempre en cuenta, pues de
otra manera, más bien podemos hacer daño a la
salvación eterna de los demás, si lo que buscamos es
complacer por complacer o por ser apreciados y queridos.
Pero ... volvamos al tema de la Primera Lectura y del Evangelio.
¿Qué nos enseñanza estos pasajes de la Biblia
sobre la lepra? Primeramente el horror que es el pecado. Luego, la
actitud del Señor ante el pecador que busca su ayuda. Y ...
¿qué hacer nosotros, pecadores, ante nuestros pecados?
¿Qué hizo el leproso? Acercarse a Jesús con
convicción, sin temor y con una fe segura. Se acercó
también con humildad, “suplicándole de rodillas”. Esa
debe ser nuestra actitud: reconocer nuestra lepra, buscar ayuda del
Señor y aproximarnos a El con convicción y sin temor,
pidiéndole que nos sane. El Señor no tendrá asco
de nuestra lepra, por más grave que sea nuestra situación
de pecado, si humillados nos presentamos ante El. Sabemos que no
podemos curarnos por nosotros mismos. Puede ser que por muchos, por
muchísimos años vengamos arrastrando una enfermedad del
alma, una lepra que parece incurable. Pero, si Dios quiere –y si yo
estoy dispuesto- Dios puede hacer cualquier milagro ... como el del
leproso que se le acercó con fe, con confianza, sin temor, con
convicción.
¡Qué mejor oportunidad para obtener la sanación de
nuestra lepra espiritual que la Confesión! Por más fea o
más larga que sea la lepra de nuestra alma, necesitamos
arrepentirnos de nuestros pecados, confesarlos ante el Sacerdote,
recibir a Jesús en la Sagrada Comunión. Así de
fácil los requisitos. Así de grande la recompensa:
quedamos sanos totalmente, como el leproso, para comenzar una nueva
vida de gracia en Dios. Vale la pena.
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