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Homilies.net         01 Ene 2012         Marķa Madre de Dios
  Las homilías se anuncian no más tarde que durante la semana antes del domingo que se necesitan.  
 

Homilia de Padre Phil Bloom
http://stmaryvalleybloom.org/
* disponible en inglés - ve homilías Inglés
María Madre de Dios
El Poder de una Bendicion
(1ero de enero de 2012)

Al comienzo de la ceremonia de bautismo, el sacerdote (o el diacono) da la bienvenida al niño con la señal de la cruz sobre su frente. Luego invita a los papás y padrinos hacer la misma señal de Salvador sobre su hijo. Durante la homilía, siempre trato de animar a los papás – y padrinos – continuar la práctica. Cuando la mamá ponga el niño en su cuna, se puede llamar al papá para bendecir su hijo. Luego ella hace lo mismo. La bendición tiene gran poder.

Una vez estaba con una familia que había bendecido a sus hijos todos los días. El hijo mayor salía para ir a la universidad. Al momento de irse, la mamá y el papá hicieron la señal de la cruz sobre el hijo. Sus papás, particularmente el papá, no hablaban mucho. De hecho, mantenían las cosas al pecho, pero habían bendecido a sus hijos todos los días. Tenían un lazo más fuerte que palabras.

Hoy Moisés instruye a Aarón sobre como dar la bendición. Sus palabras son sencillas:

El Señor te bendiga y proteja,
haga resplandecer su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
Que el Señor te mire con benevolencia
y te conceda la paz.

Esta bendición ha superado la prueba de tiempo. Originando con el pueblo escogido, la bendición levítica ha sido pronunciada durante tres milenios. El apóstol Bernabé, quien era un levita, sin duda dio la bendición a muchas personas. San Francisco, el mismo un diacono, usó esas palabras para bendecir a otros. Rabís, sacerdotes, diáconos, ministros y papás han empleado la bendición. Si no te acuerdas todas las palabras, tú puedes decir sencillamente “El Señor te bendiga,” O, como los papás taciturnos que mencioné, tú puedes solamente hacer la señal de la cruz con tu mano o dedo pulgar. La bendición tendrá gran poder.

La bendición no solamente ayudará a tu hijo sino a ti mismo. Si tú tienes un lazo fuerte con tu hijo, tu mismo sobresaldrá. Estudiosos han analizado los factores que hacen posible que uno sale de la pobreza hasta la prosperidad. Descubrieron que una combinación de dos cosas casi garantiza el éxito financiero. Si un hombre pudiera hacer un compromiso a su esposa y familia – mantener un trabajo, cualquier trabajo, por un año, era casi cierto que superaría la pobreza. No importaba de donde venía o los años de estudio. Un compromiso familiar y la capacidad de mantener un trabajo – aun con sueldo mínimo – por un año eran los precursores más importantes de poder llegar a una prosperidad modesta.

La persona que bendice su hijo forma un lazo fuerte entre las dos personas. Ese lazo puede motivar para superar obstáculos. Una señora me contó sobre las condiciones feas en que trabajaba. Tenía que aguantar mucho de su patrona y las otras trabajadoras. Pero no salía del trabajo. Tenía dos hijos que le dieron motivo para hacer el sacrificio. Cuando los bendecía, sabia que el sacrificio valía la pena. Al fin, tuvo una oportunidad mejor de trabajo, pero – aun si no hubiera sucedido – habría aguantado mucho para ellos. Los bendecía todos los días los veía como su mayor tesoro terrenal.

Al comenzar el Año Nuevo, te pido hacer esta resolución: Bendice a los están cerca de ti. Al principio puede ser un poco difícil, pero al menos comenzar con una bendición en tu corazón. Cuando ves a tu hijo – o cualquier persona con quien vives – decir, “El Señor te bendiga.” Poco a poco, puedes extender esa bendición a otros: los con quienes trabajas, tus amistades, gente que encuentres en los asuntos diarios. La bendición les ayudará y a ti también. Quisiera concluir con la bendición levítica que Moisés enseñó a su hermano Aarón:

El Señor te bendiga y proteja,
haga resplandecer su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
Que el Señor te mire con benevolencia
y te conceda la paz.
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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
http://www.homilia.org
María Madre de Dios
Solemnidad de SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS - Ciclo "B" -
1º de Enero de 2012

A una semana del Nacimiento del Niño-Dios, la Iglesia nos presenta  para comenzar el nuevo año, la Fiesta de María, Madre de Dios.

Y esta frase “Madre de Dios” se dice muy fácilmente, pero por lo acostumbrados que estamos a oírla y a repetirla tal vez no nos detenemos a pensar en toda su dimensión el significado de que un ser humano, como nosotros, María -una de nuestra raza- pueda ser “Madre de Dios”.

Después de Jesucristo, aunque salvando la distancia entre lo humano y lo divino, entre lo finito y lo infinito, la Santísima Virgen María, Madre de Dios hecho Hombre, es la creatura más grande, más bella, más excelsa que haya existido.

Pero ... ¿qué significa, entonces, para una criatura humana ser Madre de Dios?  ¿Cómo puede una creatura humana engendrar a Dios?  ¿Hemos pensado en esto alguna vez?

Fijémonos en lo siguiente:  todas las madres son madre de la “persona” de su hijo. Y ese hijo es una “persona”, compuesta de alma y cuerpo.  ¿Qué aporta la madre al hijo?  Aporta, por supuesto, la parte material de esa persona, que es el cuerpo.  Ni la madre -ni tampoco el padre- aportan el alma.  Dios es Quien infunde el alma, y esto convierte a cada creatura en “persona humana”.   Así sucede en la concepción de cada uno de los seres humanos.

Pero ... ¿qué sucedió con Jesús?  Dicen los teólogos que Cristo no es persona humana, sino “divina”, aunque tenga una naturaleza humana desprovista de personalidad humana, que fue sustituida por la personalidad divina del Verbo en el mismo instante de la concepción de la carne de Jesús. (cfr. A. Royo Marín o.p. “La Virgen María”)

Se deduce de esto que la Santísima Virgen María realmente concibió y dio a luz según la carne a la “persona divina” de Jesús, pues es la única “persona” que hay en El.  Por esto es que María es llamada con toda propiedad “Madre de Dios”.

Podría argumentarse:  María no concibió la naturaleza divina de Jesús.  Es cierto.  Pero tampoco conciben las demás madres el alma de sus hijos, pues ésta viene directamente de Dios.

La Santísima Virgen María concibió, entonces, una persona.  Como esa persona que es Jesús no era “persona humana”, sino “divina”, sabemos que María es verdaderamente “Madre de Dios”.

De todos los privilegios, títulos y dogmas de María, éste es sin duda el mayor y de más trascendencia, pues todos los demás (Inmaculada Concepción, llena de Gracia, Virginidad perpetua, Asunción, etc.) fueron dados en atención a este hecho tan inmenso y tan elevado:  el de ser la Madre de Dios.

Sin embargo lo más importante para nosotros y lo que más desea la Santísima Virgen María -Madre de Dios, pero también Madre nuestra- es que la imitemos a Ella, pues imitándola a Ella estamos imitando a su Hijo.

¿Qué imitar de la Madre de Dios?  Su espíritu de oración:  María oraba y en oración la encontró el Ángel cuando le anunció el misterio de su Maternidad Divina.  Su humildad y su entrega a la Voluntad de Dios:  se reconoce “esclava del Señor” y se entrega a que se realice en ella todo lo que Dios quiera.  Su fe a toda prueba:  María creyó por encima de las apariencias y de las posibilidades humanas; creyó que lo imposible se realizaría en Ella:  ser la Madre del mismo Dios.
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