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* disponible en inglés - ve
homilías Inglés
La Santísima
Trinidad
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Proposito de Nuestra Existencia
(7 de junio de 2009)
Tema Básico: Maria puede ayudar a realizar el proposito de
nuestra existencia: entrar en una relacion eterna con Dios - Padre,
Hijo y Espiritu Santo.
Recien tuvo el privilegio de rezar por una persona en las ultimas horas
de su vida. Como ustedes saben, las palabras no vienen facil en aquel
momento. Afortunadamente la Iglesia nos da palabras maravillosas. La
Oracion de Comendacion para el moribundo tiene gran belleza y poder. Me
gustaria citarla este domingo. Dice mucho sobre nuestra relacion con la
Santisima Trinidad - Padre, Hijo y Espiritu Santo. Aqui hay las
palabras iniciales de la oracion:
Alma cristiana, al salir de este mundo,
marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso
que te creó;
en el nombre de Jesucristo Hijo de Dios vivo,
que murió por ti;
en el nombre del Espíritu Santo
que descendió sobre ti.
marcha, alma cristiana.
Cuando marchamos de este mundo, lo hacemos en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espiritu Santo. La meta, el proposito de nuestra vida es
tener una relacion eterna con la Santisima Trinidad - el comienzo y el
fin de nuestra existencia. Lo podemos ver en el Evangelio de hoy. Antes
de ascender al cielo, Jesus nos instruyo a hacer discipulos de todas
naciones, "bautizandolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espiritu Santo."
Para entender nuestra relacion con la Trinidad quisiera recomendar un
nuevo libro. Escrito por un evangelista laico, Mark Shea, tiene el
titulo "Mary, Mother of the Son." (Maria, Madre del Hijo.) No permita
que el titulo te engane. Es mucho mas que un libro devocional sobre la
Virgen Maria. Mark tiene una habilidad unica de ubicar devocion a Maria
en el contexto de la entera vida cristian. Su libro es como abrir una
puerta llamada "Maria" y encontrarse en un salon enorme de banquete.
Las mesas tienen toda clase de comida y mientras uno mira alrededor, se
ve caras familiares y otras que han escuchado nombrar pero que no
conoce. Una senora linda toma tu mano y empieza a guiarte. Sobre todo,
ella quiere que conozcas a su Hijo, el Padre y El que descendio sobre
ella.
En Mary Mother of the Son, Mark Shea nos presenta a Maria. Y por ella
entendemos el motivo de la Biblia y la Iglesia: guiarnos a una relacion
con el Padre, Hijo y Espiritu Santo - el Unico Dios que todo en todo.
El libro viene como trilogia - tres volumenes. Los volumenes tienen
entre 150 y 195 paginas - y una vez comenzado, la logica y las
comparaciones te llevaran adelante. Los libros no son baratos, pero la
inversion vale la pena. Si tiene duda, compra el primer volumen.
Estaras de acuerdo conmigo - su explicacion de la Trinidad vale el
precio entero.
Mark esta con nosotros este domingo. Al final de la misa, dira unas
palabras sobre Mary Mother of the Son. Estara disponible despues de la
misa para firmar su copia.
Jesus nos ha dado a Maria, su madre, como nuestra madre. Por el
bautismo somo no solamente hijos de Dios, sino hijos de la Virgen
Maria. Nos puede ayudar a realizar el proposito de nuestra existencia:
entrar en una relacion eterna con Dios - Padre, Hijo y Espiritu Santo.
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Intercesiones Generales para la Santisima Trinidad (de Sacerdotes Para
la Vida)
English Version
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La Santísima
Trinidad
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Solemnidad de la SANTISIMA TRINIDAD - Ciclo "B"
7 de Junio de 2009 -
El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un
solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la
esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de
entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es
una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales
del ser humano.
Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo
accesible al hombre común. Y han tratado de explicar lo de
las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles,
tratando de ponerlo al alcance de todos. Uno de estos
símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a
las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se
unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin
embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la
infinidad de Dios.
¿Por qué es esto así? Porque la
Santísima Trinidad es el más grande de los misterios de
nuestra fe. Y por eso es imposible de ser comprendido por
nosotros, pues nuestro limitado intelecto humano, es ¡tan pobre
para explicar las cosas de Dios!
El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que
está muy ... muy por encima de nuestras capacidades
intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de
Dios existe una distancia ¡infinita¡
Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba
preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de
la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la
playa frente a un mar inmenso. Vio de repente a un niño
que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de
caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en
la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba
haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de
vaciar el mar en el hoyito. San Agustín, por supuesto, se
dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda
pretensión. Entonces le dijo al niño: “Pero,
¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el
Niño le replicó: “Esto no es más imposible
de lo que es para ti meter el misterio de la Santísima Trinidad
en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño”
desapareció.
Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el
hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de
explicarse verdades infinitas como este misterio.
Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es
explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos
llamados a participar de la vida de Dios Trinitario.
Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir
este misterio de una manera oscura ... incompleta. Sin embargo,
en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual
es.
En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre
con Dios en el Cielo. Pero desde aquí en la tierra podemos
comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser
habitados por las Tres Divinas Personas. Recordemos lo que
Jesucristo nos ha dicho: “Si alguno me ama guardará mi
Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos
morada en él” (Jn.14, 23).
La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios
escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos
lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer
revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu
Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.
Y Dios comienza a revelarse como Trinidad poco a poco, pero desde el
principio. Desde el segundo versículo de la Biblia, desde
el momento mismo de la creación, vemos una alusión al
Espíritu Santo: “el Espíritu de Dios aleteaba sobre
las aguas” (Gen. 1, 2).
Luego es Jesucristo mismo quien nos lo da a conocer. El primer
momento en que se revelan las Tres Personas juntas fue en el Bautizo de
Jesús en el Jordán. Nos dice así el
Evangelio: “Una vez bautizado Jesús salió del
río. De repente se le abrieron los Cielos y vio al
Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre
El. Y se oyó una voz celestial que decía:
‘Este es mi Hijo, el Amado, en el que me complazco’ ” (Mt. 3, 16-17).
Posteriormente Jesucristo al dar el mandato de evangelizar a sus
Apóstoles, les ordena bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18). Es la escena que nos
trae el Evangelio de hoy.
Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su
obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la
Redención y al Espíritu Santo la
Santificación.
Es así como el Espíritu Santo en su obra de
santificación en cada uno de nosotros, lo primero que hace
es darnos a conocer a Jesús como Hijo de Dios, pues “nadie puede
decir que Jesús es el Señor, sino guiado por el
Espíritu Santo” (1 Cor. 12, 1-3). Luego nos va haciendo
cada vez más semejantes al Hijo.
Posteriormente el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a
El. Así nos dice Jesús: “Nadie conoce al
Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera
dar a conocer” (Mt. 11, 27).
Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio
central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo.
Y recordemos que aunque aquí en la tierra somos llamados a
participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura,
incompleta, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a
Dios tal cual es.
¿Cómo podemos vivir este misterio desde ya aquí en
la tierra? Nos lo explica la Segunda Lectura: “Los que se
dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de
Dios ... y podemos llamar Padre a Dios. Y si somos hijos de Dios
también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rm.
8, 14-17). ¿Nos damos cuenta del privilegio que es poder
llamar ¡nada menos que a Dios! “Padre”?
La clave está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo; es
decir, en ser perceptivos, dóciles y obedientes a sus
inspiraciones, que siempre nos llevan a buscar y cumplir la Voluntad de
Dios. El nos irá haciendo semejantes al Hijo. El
Hijo nos dará a conocer al Padre y así seremos herederos
con El, “para ser glorificados junto con El”.
¿Cómo percibir las inspiraciones del Espíritu
Santo? ¿Cómo ser dóciles y obedientes a esas
inspiraciones? La clave está en la oración -la
oración sincera. La oración nos abre al
Espíritu Santo. Debemos orar para escuchar al
Espíritu Santo. El es como una suave brisa, a la que hay
que estar atentos para poderla percibir (cf. 1ª Re 19,
11-13). Debemos orar para permitirle que haga en cada
uno de nosotros su obra de santificación.
Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la
unión de nosotros con Dios. Y esa unión de nosotros
con Dios no se queda allí, sino que tiene, como consecuencia
segura, la unión de nosotros entre sí. Tal
vez con esta explicación se nos haga más fácil
comprender esa bellísima y conmovedora oración de
Jesús durante la Ultima Cena con sus Apóstoles, cuando
rogó al Padre de esta manera: “Que ellos sean uno, Padre,
como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos
y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de
esta unidad” (Jn. 17, 21-23). ¡Unidos cada uno
de nosotros al Dios Trinitario, para así estar unidos entre
nosotros por Dios mismo!
Que al meditar la profundidad del Misterio de la Santísima
Trinidad, podamos vivir lo que nos dice San Pablo al final de la
segunda Carta a los Corintios, que es esa frase trinitaria
importantísima que se repite al comienzo de cada Misa: “La
gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la
comunión del Espíritu Santo esté con todos
nosotros” (2ª Cor. 13, 14).
Y que así podamos comenzar a vivir nuestra unión
con la Santísima Trinidad y la unión de nosotros entre
sí, pues es ese Dios Trinitario Quien nos une. ¡Que
así sea! ¡Amén!
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La Santísima
Trinidad
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