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homilies.net          07 June 2009          La Santísima Trinidad
  Las homilías se anuncian no más tarde que durante la semana antes del domingo que se necesitan.  
 


Homilia de Padre Phil Bloom

http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
* disponible en inglés - ve homilías Inglés
La Santísima Trinidad
Proposito de Nuestra Existencia
(7 de junio de 2009)
Tema Básico: Maria puede ayudar a realizar el proposito de nuestra existencia: entrar en una relacion eterna con Dios - Padre, Hijo y Espiritu Santo.

Recien tuvo el privilegio de rezar por una persona en las ultimas horas de su vida. Como ustedes saben, las palabras no vienen facil en aquel momento. Afortunadamente la Iglesia nos da palabras maravillosas. La Oracion de Comendacion para el moribundo tiene gran belleza y poder. Me gustaria citarla este domingo. Dice mucho sobre nuestra relacion con la Santisima Trinidad - Padre, Hijo y Espiritu Santo. Aqui hay las palabras iniciales de la oracion:

Alma cristiana, al salir de este mundo,
marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso
que te creó;
en el nombre de Jesucristo Hijo de Dios vivo,
que murió por ti;
en el nombre del Espíritu Santo
que descendió sobre ti.
marcha, alma cristiana.

Cuando marchamos de este mundo, lo hacemos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo. La meta, el proposito de nuestra vida es tener una relacion eterna con la Santisima Trinidad - el comienzo y el fin de nuestra existencia. Lo podemos ver en el Evangelio de hoy. Antes de ascender al cielo, Jesus nos instruyo a hacer discipulos de todas naciones, "bautizandolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo."

Para entender nuestra relacion con la Trinidad quisiera recomendar un nuevo libro. Escrito por un evangelista laico, Mark Shea, tiene el titulo "Mary, Mother of the Son." (Maria, Madre del Hijo.) No permita que el titulo te engane. Es mucho mas que un libro devocional sobre la Virgen Maria. Mark tiene una habilidad unica de ubicar devocion a Maria en el contexto de la entera vida cristian. Su libro es como abrir una puerta llamada "Maria" y encontrarse en un salon enorme de banquete. Las mesas tienen toda clase de comida y mientras uno mira alrededor, se ve caras familiares y otras que han escuchado nombrar pero que no conoce. Una senora linda toma tu mano y empieza a guiarte. Sobre todo, ella quiere que conozcas a su Hijo, el Padre y El que descendio sobre ella.

En Mary Mother of the Son, Mark Shea nos presenta a Maria. Y por ella entendemos el motivo de la Biblia y la Iglesia: guiarnos a una relacion con el Padre, Hijo y Espiritu Santo - el Unico Dios que todo en todo. El libro viene como trilogia - tres volumenes. Los volumenes tienen entre 150 y 195 paginas - y una vez comenzado, la logica y las comparaciones te llevaran adelante. Los libros no son baratos, pero la inversion vale la pena. Si tiene duda, compra el primer volumen. Estaras de acuerdo conmigo - su explicacion de la Trinidad vale el precio entero.

Mark esta con nosotros este domingo. Al final de la misa, dira unas palabras sobre Mary Mother of the Son. Estara disponible despues de la misa para firmar su copia.

Jesus nos ha dado a Maria, su madre, como nuestra madre. Por el bautismo somo no solamente hijos de Dios, sino hijos de la Virgen Maria. Nos puede ayudar a realizar el proposito de nuestra existencia: entrar en una relacion eterna con Dios - Padre, Hijo y Espiritu Santo.

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Intercesiones Generales para la Santisima Trinidad (de Sacerdotes Para la Vida)

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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
http://www.homilia.org
La Santísima Trinidad
Solemnidad de la SANTISIMA TRINIDAD - Ciclo "B"
7 de Junio de 2009 - 

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.

Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo accesible al hombre común.  Y han tratado de explicar lo de las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles, tratando de ponerlo al alcance de todos.  Uno de estos símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la infinidad de Dios.

¿Por qué es esto así?  Porque la Santísima Trinidad es el más grande de los misterios de nuestra fe. Y por eso es imposible de ser comprendido por nosotros, pues nuestro limitado intelecto humano, es ¡tan pobre para explicar las cosas de Dios! 

El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que está muy ... muy por encima de nuestras capacidades intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de Dios existe una distancia ¡infinita¡

Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la playa frente a un mar inmenso.  Vio de repente a un niño que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en la arena.  Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito.  San Agustín, por supuesto, se dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda pretensión.  Entonces le dijo al niño:  “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!”  Y el Niño le replicó:  “Esto no es más imposible de lo que es para ti meter el misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció.

Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como este misterio.

Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo.  Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario.

Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura ... incompleta.  Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre con Dios en el Cielo.  Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por las Tres Divinas Personas.  Recordemos lo que Jesucristo nos ha dicho:  “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”  (Jn.14, 23).

La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.

Y Dios comienza a revelarse como Trinidad poco a poco, pero desde el principio.  Desde el segundo versículo de la Biblia, desde el momento mismo de la creación, vemos una alusión al Espíritu Santo: “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gen. 1, 2).

Luego es Jesucristo mismo quien nos lo da a conocer. El primer momento en que se revelan las Tres Personas juntas fue en el Bautizo de Jesús en el Jordán.  Nos dice así el Evangelio: “Una vez bautizado Jesús salió del río.  De repente se le abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre El. Y se oyó una voz celestial que decía:  ‘Este es mi Hijo, el Amado, en el que me complazco’ ” (Mt. 3, 16-17).

Posteriormente Jesucristo al dar el mandato de evangelizar a sus Apóstoles, les ordena bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18).  Es la escena que nos trae el Evangelio de hoy.

Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación.    

Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros,  lo primero que hace es darnos a conocer a Jesús como Hijo de Dios, pues “nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino guiado por el Espíritu Santo” (1 Cor. 12, 1-3).  Luego nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo.

Posteriormente el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. Así nos dice Jesús:  “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).

Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. 

Y recordemos que aunque aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura, incompleta, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

¿Cómo podemos vivir este misterio desde ya aquí en la tierra?  Nos lo explica la Segunda Lectura:  “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios ... y podemos llamar Padre a Dios. Y si somos hijos de Dios también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rm. 8, 14-17).  ¿Nos damos cuenta del privilegio que es poder llamar ¡nada menos que a Dios! “Padre”?

La clave está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo; es decir, en ser perceptivos, dóciles y obedientes a sus inspiraciones, que siempre nos llevan a buscar y cumplir la Voluntad de Dios.  El nos irá haciendo semejantes al Hijo.  El Hijo nos dará a conocer al Padre y así seremos herederos con El, “para ser glorificados junto con El”.

¿Cómo percibir las inspiraciones del Espíritu Santo?  ¿Cómo ser dóciles y obedientes a esas inspiraciones?  La clave está en la oración -la oración sincera.  La oración nos abre al Espíritu Santo.  Debemos orar para escuchar al Espíritu Santo.  El es como una suave brisa, a la que hay que estar atentos para poderla percibir (cf. 1ª Re 19, 11-13).  Debemos orar para permitirle que haga en cada uno de nosotros su obra de santificación. 

Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios.  Y esa unión de nosotros con Dios no se queda allí, sino que tiene, como consecuencia segura, la unión de nosotros entre sí. Tal vez con esta explicación se nos haga más fácil comprender esa bellísima y conmovedora oración de Jesús durante la Ultima Cena con sus Apóstoles, cuando rogó al Padre de esta manera:  “Que ellos sean uno, Padre, como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17,  21-23). ¡Unidos cada uno de nosotros al Dios Trinitario, para así estar unidos entre nosotros por Dios mismo!

Que al meditar la profundidad del Misterio de la Santísima Trinidad, podamos vivir  lo que nos dice San Pablo al final de la segunda Carta a los Corintios, que es esa frase trinitaria importantísima que se repite al comienzo de cada Misa: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros” (2ª Cor. 13, 14). 

 Y que así podamos comenzar a vivir nuestra unión con la Santísima Trinidad y la unión de nosotros entre sí, pues es ese Dios Trinitario Quien nos une. ¡Que así sea!  ¡Amén!
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Homilia de Padre Jesus Marti Ballester
http://jmarti.ciberia.es
La Santísima Trinidad    

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