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homilías Inglés
4 Pascua
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Basicos de Salvacion
(3 de mayo de 2009)
Tema Básico: Somos salvados solo por Jesus; esa salvacion
incluye un rol como miembro del rebano de Jesus, su Iglesia.
En la primera lectura Pedro habla de Jesus, crucificado por nuestros
pecados y resucitado de la tumba. Dice - y espero que no sea sorpresa a
nadie aqui - Pedro dice que no salvacion por otro. Buda, Mohamed,
Confucio - todos tienen su lugar en la historia, pero hay uno solo que
nos salva, Jesus. Pedro afirma que no hay ningun otro nombre por lo
cual los hombres sean salvados.
En el evangelio, Jesus menciona un elemento de esta salvacion. El es el
Buen Pastor que nos conoce y nos guia. Hay unas ovejas que se han
apartado, pero Jesus quiere que vuelvan. Desea un solo rebano con un
solo pastor. Somos salvados por seguir a Jesus - y eso significa ser
parte de su rebano: la Iglesia.
Como miembros de ese rebano, dependemos de el. Y nos ayudamos uno al
otro. Me acuerdo cuando estaba en el Altiplano del Peru, visitando unos
pueblos lejanos. En la tarde se podia ver las ovejas juntitas para
calor y seguiridad. Como esas ovejas, no solamente necesitamos el
Pastor sino uno al otro.
Hace unas semanas - el Domingo de Divina Misericordia - el Padre Frank
Pavone hablo de recibir la misericordia de Dios y extenderla a otros,
especialmente a mujeres en embarazos de crisis. Lo hacemos apoyando la
Peticion Catolica Anual que hace posible servicios a los necesitados.
Antes de invitarles a llenar su sobre de compromiso, quisiera resumir:
Somos salvados solo por Jesus; esa salvacion incluye un rol como
miembro del rebano de Jesus, su Iglesia.
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Intercesiones Generales para Cuarto Domingo de Pascua (de Sacerdotes
Para la Vida)
English Version
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4 Pascua
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Domingo 4 del Tiempo de Pascua- Ciclo "B" -
03 de Mayo de 2009
Jesucristo no sólo nos ha salvado, sino que nos ha dado mucho
más que eso. Pero comencemos con lo de la
salvación, revisando las Lecturas de este Domingo.
Nadie más que Jesucristo puede salvarnos, "pues en la tierra no
existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador
nuestro" (Hech. 4, 12). Así vemos en la Primera
Lectura cómo habló San Pedro, el primer Papa, al
responder a quienes lo interrogaban pretendiendo juzgarlos por la
curación de un lisiado y porque estaban predicando que
Jesús había resucitado. Pedro les echó en
cara: "Este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús
de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó
de entre los muertos".
Jesucristo es el Salvador. Eso se dice ¡tan fácil! y
se ha repetido tantas veces ... pero no parece tan aceptado como
debiera serlo. Al menos, no parece tan aprovechado. La
salvación de Jesucristo nos ha sido dada de gratis, sin
ningún esfuerzo de nuestra parte. Sólo debemos
aprovechar las gracias que por esa salvación nos han sido
dadas. Pero ... ¿realmente las
aprovechamos? ¿Aprovechamos todas las gracias que el
Señor quiere darnos?
Además, si nos fijamos bien, no todos aceptamos la
salvación que Jesús nos vino a traer. Por citar
sólo un ejemplo actual: la re-encarnación. La
creencia en ese mito pagano no se queda en pensar que en nuevas vidas
seremos otras personas ... si es que eso fuera posible.
Una de las consecuencias de este engaño que es la
re-encarnación, es el pensar que nosotros nos podemos redimir
nosotros mismos a través de sucesivas re-encarnaciones,
purificándonos un poco más en cada una de esas supuestas
vidas futuras. Así que, al creer en la
re-encarnación, de hecho estamos rechazando la redención
que sólo Cristo puede darnos. Y quedamos de nuestra cuenta
para salvarnos (???!!!).
Ahora bien, Jesucristo no sólo vino a salvarnos, es decir, a
rescatarnos de la situación de secuestro en que estábamos
después del pecado de nuestros primeros progenitores, sino que
-como San Juan nos recuerda en la Segunda Lectura- por su gracia "no
sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que realmente lo somos"
(1ª Jn. 3, 1-2).
Y realmente lo somos, porque Dios nos comunica su Vida, su
Gracia; porque, durante nuestra vida en la tierra nos guía
como sus hijos que somos. Y, además, porque recibiremos
una herencia: el Cielo prometido a aquéllos que se
comporten como hijos, es decir, a los que aquí en esta vida
seamos obedientes a la Voluntad del Padre.
¿Nos damos cuenta de este privilegio: ser hijos de Dios y poder
llamar a Dios "Padre", porque realmente somos sus hijos? Ser
“hijo(a) de Dios” se dice tan fácilmente... Pero
¿nos damos cuenta que Jesucristo, el Hijo Único de Dios,
no sólo nos ha salvado, sino que ha compartido Su Padre con
nosotros, para que seamos también hijos(as)? …
¿Agradecemos a Dios este altísimo privilegio … o lo
tomamos como un derecho merecido?
Continúa San Juan explicándonos la dimensión y las
consecuencias de este especialísimo privilegio de la
filiación divina: “Ahora somos hijos de Dios, pero
aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya
sabemos que, cuando El se manifieste, vamos a ser semejantes a
El, porque lo veremos tal cual es".
San Pablo nos explica así esto mismo en varias citas de sus
cartas:
"Al presente vemos como en un mal espejo y en forma confusa, pero luego
será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero
luego le conoceré a El como El me conoce a mí." (1ª
Cor. 13, 12-13).
"Cuando se manifieste el que es nuestra vida, Cristo, ustedes
también estarán en gloria y vendrán a la luz con
El" (Col. 3, 4).
"También los destinó a ser como su Hijo y semejantes a El
... y después de hacerlos justos, les dará la gloria"
(Rom. 8, 29-30).
En el Evangelio vemos por qué todo esto es así.
Jesús se nos identifica de diversas maneras. Una de sus
identificaciones favoritas de todos los que somos sus seguidores es
ésta de hoy: el Buen Pastor. "Yo soy el Buen Pastor que da
la vida por sus ovejas" (Jn. 10, 11-17) .
Y sabemos que Jesús cumplió con esta promesa de dar su
vida por cada uno de nosotros, ovejas de su rebaño.
Sabemos que su vida la dio, pero, como nos dice en este Evangelio,
también la recuperó. Y la recuperó con
gloria, porque resucitó. Y con su resurrección nos
da a todos los que le seguimos y le imitamos, la gloria que El tiene y
que da a las ovejas de su rebaño.
¿Quiénes son las ovejas de su rebaño?
Jesús las identifica en este Evangelio. Son los que
conocen su voz, porque lo conocen a El y le siguen. Esos
resucitarán como El resucitó y “serán semejantes a
El”, como nos dice San Juan en la Segunda Lectura, porque
tendrán la gloria que es suya y que conoceremos cuando lo veamos
“cara a cara, tal cual es”.
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