| |
http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
* disponible en inglés - ve
homilías Inglés
5 Tiempo Ord
|
Confiado una Mision
(8 de febrero de 2009)
Tema Básico: No damos tiempo y dinero con resentimiento; estamos
construyendo el Cuerpo de Cristo: Nos ha confiado una misión.
Hace muchos años, en Inglaterra, tres hombres estaban poniendo
en un barril una mezcla de agua, arena, cal y otros ingredientes. Un
observador les pregunto que hacian. El primero dijo, "Estoy haciendo
argamasa." El segundo, "Estoy colocando ladrillos." Pero el tercero
dijo, "Estoy construyendo una catedral." Hacian la misma cosa, pero lo
miraban diferente. Y que diferencia hizo!
Podemos ver algo semejante en la manera en que personas se relacionan
con su parroquia, porque dan. Una persona dice, "Ay! La unica cosa que
hacen es pedir dinero." El segundo replica, "Pues, hay que pagar las
cuentas." Pero la tercera persona dice, "Estoy construyendo el Cuerpo
de Cristo." Los tres estan haciendo la misma cosa, pero que diferencia
en sus actitudes.
Las lecturas de hoy reflejan esas diferencias. Pobre Job dice que su
vida es solamente trabajo pesado: Cuando me acuesto, no me duermo - y
me pregunto cuando vendra el dia. Pero cuando me levanto, estoy cansado
y me pregunto cuanto tiempo hasta poderme acostar.
Muchos se puedan identificar con Job. Pero San Pablo tiene otra forma
de pensar. Pocas personas trabajaban tanto como el - o pasaban por
tantas pruebas. Sin embargo, dice esto de su trabajo: "Es mi
obligacion...se me ha confiado una mision."
El evangelio tiene un ejemplo fascinante de mision - o
co-responsabilidad: la suegra de San Pedro. Estaba en cama, enferma,
cuando su yerno trajo invitados inesperados. Uno de ellos, Jesus, fue a
su cama, tomo la mano - y ella se sento. La fiebre se fue y, "se puso a
servirles."
Algunos consideran que ella habria preferido quedarse en cama. Ese
punto de vista dice mas de nosotros que de esa mujer maravillosa. Para
la gente de tiempos antiguos, hospitalidad era su valor maximo.* Era el
pegamento que unio su sociedad. Para la suegra de Pedro, hospitalidad
habra sido un deber sagrado. Pero hay algo mas. El texto dice, "se puso
a servirles." La palabra "servir" es "diaconia" - raiz de nuestra
palabra "diacono." Jesus le habia tocado y sanado. Ser su diaconisa
habra sido pura alegria.
San Pablo muestra la alegria de servicio. Sin trompetas, dice esta
libre. (Y quien de nosotros tendria mayor libertad interna que San
Pablo?) No obstante, dice Pablo, me he convertido en esclavo de todos.
Para un cristiano, libertad no es libertinaje. Es para servicio.
Algo que me gusta del Presidente Obama es que no tiene miedo de usar la
palabra "sacrificio." La uso dos veces en su discuros de inauguracion.
Como seguidores de Jesus, es claro lo que nos exige. Y, acuerdense, no
estamos solamente mesclando argamasa. Estamos construyendo una
catedral. No damos nuestro tiempo y dinero con resentimientos; estamos
construyendo el Cuerpo de Cristo. Hemos sido confiado con una mision.
**********
*Ver, por ejemplo, funciones de la hospitalidad en Odisea
Note: If your computer brings up this page with weird characters (e.g.
báásico instead of basico with accent over the
"a") please go to "View," scroll down to "Encoding" and change from
"Western European" to "Unicode" (or vica versa). One of the encoding
languages should bring up the correct Spanish text.
English Version
|
|
http://www.homilia.org
5 Tiempo Ord
|
DOMINGO 5 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
8 de Febrero de 2009
Uno de los libros más controversiales del Antiguo Testamento es
el Libro de Job, pues trata uno de los temas más discutidos y
contestados: el sufrimiento humano.
Sufrimientos de Job
¿Puede un hombre ser inocente y sufrir enfermedades y
calamidades? El Libro de Job resuelve este dilema, mostrando el
sufrimiento como una oportunidad de purificación para recibir
mayores y más abundantes bendiciones. Termina resaltando que
Dios, siendo la fuente misma de la Justicia, es enteramente libre para
otorgar sus bendiciones dónde, cuándo y a quién
quiere.
Que los seres humanos suframos, unos más otros menos,
cuándo sufrimos y por qué, descansa totalmente el la
Voluntad inescrutable de Dios, Dueño del mundo y Dueño
nuestro. Pero sabemos, también, que Dios dirige todas sus
acciones y todas sus permisiones, a nuestro mayor bien, que es la meta
hacia la cual vamos: la Vida Eterna.
Job se lamenta, reclama y llega a la desesperación, pero cree en
Dios y lo invoca. Sin embargo, después de Cristo nuestra actitud
ante el sufrimiento no puede quedarse allí. Si el Hijo de Dios,
inocente, tomó sobre sí nuestras culpas,
¿qué nos queda a nosotros?
El Evangelio nos muestra muchas veces a Jesús aliviando el
sufrimiento humano, sobre todo curando enfermedades y expulsando
demonios (Mc. 1, 29-39). Y sabemos que a veces Dios sana y a veces no,
y que Dios puede sanar directamente en forma milagrosa o indirectamente
a través de la medicina, de los médicos y de los
medicamentos. Todas las sanaciones tienen su fuente en Dios.
También puede Dios no sanar, o sanar más temprano o
más tarde. Y cuando no sana o no alivia el sufrimiento, o cuando
se tarda para sanar y aliviar, tenemos a nuestra disposición
todas las gracias que necesitamos para llevar el sufrimiento con
esperanza, para que así produzca frutos de vida eterna y de
redención.
¿De redención? Así es. Nuestros sufrimientos
unidos a los sufrimientos de Cristo pueden tener efecto redentor para
nosotros mismos y para los demás.
Porque el sufrimiento humano es tan controversial, el Papa Juan Pablo
II tocó el tema con frecuencia, sobre todo en sus visitas a los
enfermos, a quienes exhortaba a ofrecer sus sufrimientos por el bien y
la santificación propia y de los demás. Y en 1984 nos
escribió su Encíclica “Salvifici Doloris” sobre el tema.
Allí nos dice, basado en muchos textos de la Sagrada Escritura:
“Todo hombre tiene su participación en la redención. Cada
uno está llamado también a participar en ese sufrimiento
por medio del cual se ha llevado a cabo la redención ...
Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo
ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de
redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento,
puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor
de Cristo” (JP II-SD #19).
Sufrir con Jesús
Entonces, ¿qué actitud tener ante el sufrimiento, las
enfermedades, las calamidades? ¿Oponerse? ¿Reclamar a
Dios? Dios puede aliviar el sufrimiento. Lo sabemos. Dios puede sanar.
Y puede hacerlo -inclusive- milagrosamente. Pero sólo si El
quiere, y El lo quiere cuando ello nos conviene para nuestro bien
último, que es nuestra salvación eterna. Así que
en pedir ser sanados o aliviados de algún sufrimiento, debemos
siempre orar como lo hizo Jesús antes de su Pasión:
“Padre, si quieres aparta de mí esta prueba. Sin embargo, no se
haga mi voluntad sino la tuya” (Lc. 22, 42). Y, mientras dure la
prueba, mientras dure el sufrimiento o la enfermedad, hacer como nos
pide nuestro Papa: unir nuestro sufrimiento al sufrimiento de Cristo,
para que pueda servir de redención para nosotros mismos y para
otros.
Es la actitud más provechosa y, de paso, la más
inteligente, pues ¿quién puede oponerse a la Voluntad de
Dios? ¿Quién puede cambiar los planes divinos?
Por qué y para qué sufrir
|
|
http://jmarti.ciberia.es
5 Tiempo Ord
|
|
|
These homilies may
be copied and adapted for your own use; however, they may not be
commercially published without permission of the author. |
|
|