- Ciclo "A" -
21 de Marzo de 2008
La Liturgia de este día, el más
triste día de todo el año, nos
lleva a contemplar el misterio de la Pasión
y Muerte de Jesús. El ambiente en el Templo
está preparado para simbolizar el dolor
de este día, mostrándonos los conmovedores
sufrimientos a los que estuvo sujeto nuestro
Señor, al cargar con nuestras culpas para
redimirnos.
Recordemos que fue El -Cristo Jesús- Quien,
siendo inocente de toda culpa, pagó nuestro
rescate a un altísimo precio: su propia
vida, para que nosotros -cada uno de nosotros-
fuera liberado del secuestro en que estábamos
a causa del pecado original y a causa de los
pecados que nosotros mismos hemos ido añadiendo
a la culpa inicial de nuestros primeros progenitores.
En la Primera Lectura vemos al Profeta Isaías
(Is. 52, 13 - 53, 12) describir las torturas
a que fuera sometido nuestro Redentor. Y es sorprendente
que el Profeta -con casi siete siglos de anticipación-
hace esta descripción con un realismo
tal, que pareciera las hubiera estado presenciando
en el momento mismo en que Jesucristo las padeció.
La lectura de la Pasión según San
Juan (Jn. 18 , 1 - 19, 42) que hemos leído
hoy y la de los otros Evangelistas, nos muestran
cómo fue Jesús “triturado
con el sufrimiento”. Y el peor sufrimiento
no fue el físico, ese martirio atroz que
terminaría por destrozar su Cuerpo y darle
una agonía y una muerte dolorosísima
... El peor sufrimiento fue el sufrimiento moral
al que fue sometido el Señor.
El ya había comunicado esa tristeza a
los Apóstoles que se había llevado
consigo al Huerto de los Olivos. Nos dice el
Evangelio que “se llevó a Pedro,
a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror
y angustia” (Mc. 14, 33). Y antes de comenzar
a orar les dijo: “Tengo el alma llena de
una tristeza mortal. Quédense aquí conmigo
velando” (Mc. 14, 34).
Muchos sufrimientos pesaban sobre el corazón
acongojado de Jesús, mientras oraba al
Padre. A estas traiciones, negaciones y soledades
de sus más cercanos, se añadían
las faltas, culpas y pecados de cada uno de nosotros.
Todo esto pesaba sobre el Corazón de Jesús
y le llevaba a sentir esa
“tristeza mortal” que le refirió a
sus Apóstoles. Pero la mayor y más
profunda tristeza fue la de saber cuán
desperdiciados serían los sufrimientos
de su Pasión y de su vergonzante muerte
en la Cruz.
Y ¿por qué hablamos de desperdicio?
Porque desperdicio es el desprecio de todas las
gracias que Jesús nos obtuvo con su muerte
en la cruz. Desperdicio es desaprovechar cualquiera
de las gracias de salvación, todas esas
gracias innumerables -infinitas- que nos obtuvo
Cristo con su muerte ... gracias que nosotros
dejamos de aprovechar al no querer escucharlo… al
no querer seguirle ... al creer que podemos nosotros
disponer nuestra vida a espaldas de El ... etc.,
etc., etc.
Y Jesucristo nos muestra lo contrario a todo
esto con su Pasión y Muerte que hoy recordamos.
El fue obediente hasta la muerte ...
¿Y nosotros? ¿Somos obedientes
a la Voluntad de Dios?
¿Somos humildes, reconociéndonos
que n a d a s o m o s ... sin Dios ... que nada
podemos sin El?
Jesús se nos muestra abatido, vencido
por la debilidad, para justamente destruir nuestro
orgullo -esa tendencia tan fuerte que tenemos
todos los seres humanos y que está en
la raíz misma de cada pecado que cometemos.
Jesucristo se mostró
fracasado ante la injusta persecución
a que fue sometido, para enseñarnos humildad
y obediencia ante los designios de Dios Padre
...
¿Y nosotros? ¿Qué pensamos
del sufrimiento?
¿Qué pensamos de ese mandato del
Señor en que nos anuncia que nuestro camino
debe ser igual al suyo? ¿Qué
pensamos de aquellas palabras de Jesús “el
que quiera seguirme, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame”? ...
¿Qué pensamos de este mandato del
Señor? ...
¿Lo seguimos? ... ¿Realmente? ... ¿Nos
negamos a nosotros mismos y tomamos esa cruz
que el Señor nos ofrece para seguir sus
pasos? ... ¿O más bien al primer
indicio de sufrimiento nos oponemos, cuestionamos
a Dios, rechazamos sus designios y hasta lo rechazamos
a El por considerar que es “injusto” con
nosotros? ¿Pero ... es que no recordamos
que el cristiano es seguidor de Cristo? ¿Y
en qué debemos seguir a Cristo? ... Pensémoslo
bien: seguir a Cristo es seguirlo en todo ...
Y
¿qué nos muestra Cristo el Viernes
Santo? Nos muestra que seguirlo a El es seguirlo
también en el dolor y en el sufrimiento.
Ciertamente, el sufrimiento humano no es querido
por Dios. Recordemos que el sufrimiento entró en
el mundo a causa del pecado del hombre. Sin embargo
Dios permite el sufrimiento para la salvación
del hombre. Y Dios puede sacar -como de hecho
lo hace- un bien de un mal. Recordemos que los
proyectos de Dios para cada uno de nosotros son
infinitamente mejores que los que nosotros podamos
proponernos ... pero a veces resultan incomprensibles,
pues no estamos en sintonía con Dios,
sino con nosotros mismos y con las cosas terrenas.
Recordemos que Dios nos ama ... y que nos ama
infinitamente. Al estar seguros de ese Amor Infinito
de Dios nuestro Padre ... y estando en sintonía
con El a través de una oración
sincera, a través de una oración
entregada a su Voluntad, podemos estar confiados
-incluso en los momentos más difíciles
y más dolorosos de nuestra vida- porque
aquella muerte de un ser querido, aquella enfermedad,
aquella contrariedad, aquella persecución
-estamos seguros- forma parte del plan maravilloso
de Dios para nuestra salvación.
El camino de Cristo hacia el Calvario y la esperanza
de su Resurrección nos muestra el camino
que hemos de recorrer nosotros: no es en el triunfo
terreno, no es en las glorias humanas, donde
está la salvación. Es en el sacrificio
de uno mismo, en la muerte de uno mismo, donde
está el triunfo de la Resurrección
y de la Vida Eterna.
¿Por qué y para qué sufrir?
|