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homilies.net          13 Ene 2008          Bautismo del Señor
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Homilia de Padre Phil Bloom

http://www.geocities.com/Heartland/2964/span.html
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Bautismo del Señor
Camino a la Cordura
(13 de enero de 2008)

Tema básico: El camino a la cordura empieza con atencion a la ley moral. El bautismo de Jesus indica que mas se requiere para la cordura mental.

Un hombre describio su experiencia de caerse en la demencia. Era un estudiante inteligente, pero habia abandonado los estudios para los clubs nocturnos y la pornografia. Una noche se retiro a un cuarto de un hotel. La ventana del cuarto parecia expandirse hasta llegar al piso. Escucho un voz de burla, diciendole "Que tal si te echas de la ventanta?" El joven escribio:

"Ahora mi vida estaba dominada de algo antes yo no conocia: el miedo. Era humillantes, esta necesidad de siempre estar vigilando a mi mismo. Era una humillacion que yo habia merecido mas que yo pensaba. Yo habia rehusado prestar atencion a las leyes morales sobre las cuales toda vitalidad y cordura mental dependen.

Pues, este joven, si empezo a prestar atencion a la ley moral. Empezo poner en orden su vida - y experimentar la paz interior. Finalmente entro la Iglesia Catolica y llego a ser uno de los monjes mas famosos del siglo veinte. Su nombre es Tomas Merton.

Tomas Merton reconocio que el camino a la cordura depende de la ley moral. La ley moral es la voz interior, el sentido de bien y mal escrito en el corazon. Se puede encontrarlo en cualquier de las religiones mundiales. Cuando la gente dice que todas las religiones ensenan la misma cosa, estan refieriendo a la ley moral. Jesus la resumio cuando le dijo a joven: "Tu conoces los mandamientos. No matar, no cometer adulterio, no mentir, no robar, honrar tu padre y tu madre." Se puede encontrar estas ensenanzas en Confucio, Lao Tse, Budismo, Hinudismo e Islam, ademas de las tradiciones nordicas e incaicas - y por supuestos los filosofos griegos. Son ensenanzas universales porque Dios las ha escrito en el corazon humano.

A pesar de ser conocida universalmente, la ley moral es lejos de ser obedecida universalmente. En maneras diferentes maneras todos nos caemos en cuanto a esta ley basica y asi nos caemos en desorden. Como Tomas Merton reconocio, el camino de retornar a la cordura requiere atencion a esa ley.

Eso precisamente era el papel de Juan el Bautista. Les llamo al arrepentimiento. Cuando le preguntaron que tenian que hacer, no les ofrecio una ensenanza exotico. No, Les dijo hacer cosas ordinarias: compartir la comida y otros bienes, no enganar a nadie, no mentir y no tener envidia. (ver Lc 3:10-14) Juan solamente indico el camino a la cordura.

Un dia un hombre diferente se le acerco a Juan. Era diferente - radicalmente diferente de cualquier otro hombre - porque observo perfectamente la ley moral. Juan le dijo, "Yo soy quien debe ser bautizado por ti." La forma en que Jesus le respondio a Juan indica el segundo - y final - paso que uno tiene que tomar en el camino a la integridad o sea la cordura. Jesus le dice que, a pesar de no tener sentido perfecto, "Haz ahora lo que te digo, porque es necesario..." Hay mucho que uno puede decir sobre porque Jesus, a pesar de estar sin pecado, le pidio a Juan que lo bautizara. Al final de las cuentas la respuesta es: Jesus lo hizo porque era la voluntad de su Padre.

A veces experimentamos cosas que no tienen sentido desde la perspectiva humana. Recien hable con un hombre que experimento una injusticia horrible. La injusticia era mas dificil de aceptar porque implicaba una nina joven y su futuro. El hombre estaba furioso y no sabia como iba a explicarlo a la nina y sus papas. Pero hombre recordo algo de la vida de San Pio de Pietrelcina. Un senora fue al Padre Pio, regocijada porque su hija fue ofrecida un buen trabajo en una ciudad grande. El Padre Pio rezo y le dijo a senora, "No dejes que tu hija acepte aquel trabaajo." La mujer estaba asombrada, pero le dijo a su hija lo que el padre le habia dicho. La hija se enojaba y gritaba contra "ese sacerdote." Pero al fin la joven obedecio a su mama. Pasaron unas semanas y la gente del pueblo recibieron una noticia terrible. Otra joven acepto el trabajo y el padron le abuso en una manera horrifica.

Pues, la joven que obedecio a su mama aprendio porque fue negada esa oportunidad. En la mayoria de los casos, no sabemos. Pero podemos tener confianza en esto: En todas las contradiciones de la vida, el Padre esta trabajando. Tiene el poder de sacar bien del mal. Aun puede usar cosas que al superficie parecen completamente disparatadas. Pues, no estoy diciendo que no luchemos contra injusticia e irracionalidad. No, luchar contrar esos males es parte de la voluntad de Dios para nosotros. Pero cuando hemos hecho todo posible, tenemos que decir igual que Jesus, "Hazlo ahora..." El segundo - y mayor - paso en el camino a la sanidad es aceptar la voluntad del Padre. No lo podemos solo. Necesitamos la ayuda de la gracia de Jesus. Pero con el podemos oir las palabras bellas: "Este es mi Hijo Amado, en quien tengo mis complacencias."

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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
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Bautismo del Señor
DOMINGO Fiesta del Bautismo del Señor
Tiempo Ordinario Ciclo "A" -
13 de Enero de 2008


En las Lecturas de este día vemos cómo San Juan Bautista preparaba al mundo de su época y de su región para el momento de la revelación de Jesucristo, el Mesías prometido, esperado por el pueblo de Israel. El Bautista predicaba la conversión, el cambio de vida.

El Bautismo que Juan impartía significaba la aceptación de la conversión de aquéllos que, motivados por su predicación, deseaban arrepentirse para poder optar por el Reino de los Cielos, que Juan anunciaba y que el Mesías vendría pronto a establecer.

Vemos, entonces, cómo el Bautismo que Juan impartía era un Bautismo de conversión. Los que deseaban cambiar de vida eran bautizados por él con agua y este bautismo no era como el Bautismo que nosotros conocemos y recibimos como Sacramento, sino que era así como la aceptación de ese cambio que ellos estaban dispuestos a hacer en sus vidas.

En efecto, nos dice el Evangelio de San Lucas que la gente al preguntar a Juan qué debían hacer para convertirse, él les recomendaba: el que tenga qué comer, dé al que no tiene; a los cobradores de impuesto les decía que no cobraran más de lo debido; a los soldados, que no abusaran de la gente y que no hicieran denuncias falsas. Y así iban llegando a arrepentirse y a bautizarse con San Juan Bautista.

De allí que llama la atención el que Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, se acercara a la ribera del Jordán, como cualquier otro de los que se estaban convirtiendo, a pedirle a Juan, su primo y su Precursor, que le bautizara. Tanto es así, que el mismo Bautista, que venía predicando insistentemente que detrás de él vendría “uno que es más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias” (Mc. 1, 7), se queda impresionado de la petición del Señor.

Y vemos en el Evangelio que San Juan Bautista le discute: “Soy yo quien debe ser bautizado por Tí, ¿y Tú vienes a que yo te bautice?” Sin embargo, el Señor lo convence: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere. Entonces Juan accedió a bautizarlo” (Mt. 3, 14-15).

En efecto, Jesús, Quien nos dijo varias veces que vino a este mundo para hacer la Voluntad del Padre, insiste en esto desde el comienzo de su vida pública. Nos da una muestra de aceptación de “todo lo que Dios quiere”. Nos da ejemplo a imitar: cumplir con todo lo que el Padre tiene dispuesto.

Cierto que Jesucristo, el Dios Vivo, no tenía necesidad de bautismo. Pero en el Jordán quiso presentarle al Padre los pecados del mundo; es decir, quiso presentarnos a nosotros como lo que somos: pecadores. ¡Todo un Dios, en Quien no puede haber pecado alguno, se pone en lugar de la humanidad pecadora, haciéndose bautizar!

Y esos pecados, los pecados del mundo, El los toma sobre sí en la Cruz y nos redime de ellos. De allí que desde el Jordán, San Juan Bautista, al ver a Jesús acercarse, lo reconoce como el nuevo Cordero que sustituiría al cordero que se sacrificaba en cada cena de Pascua, y dice esto de El: “Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo” (Jn. 1, 29).

Al presentarnos como pecadores, Jesús desea mostrarnos el sentido y la necesidad del arrepentimiento. En eso consistía el Bautismo de Juan: arrepentirse de los pecados primero. Luego el agua venía a confirmar ese arrepentimiento.

“La voz del Señor sobre las aguas”, repetimos en el Salmo 28. En efecto, nos cuenta el Evangelio que “al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre El en forma como de paloma y se oyó una voz desde el cielo”, la voz del Padre que lo identificaba como su Hijo, el Dios-Hombre. (Mt. 3, 16-17)

Y esta manifestación de “la voz del Señor sobre las aguas” se da precisamente al cumplir Jesús y Juan todo lo que Dios quería. En ese momento, el Espíritu de Dios baja del cielo aleteando cual paloma y se posa sobre Jesús, y Dios Padre revela a Jesucristo como su Hijo muy amado, en quien se complace. Es decir, a San Juan Bautista le es revelado quién es Jesucristo y éste lo da a conocer como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

Ahora bien, los que acudían al Jordán se arrepentían y luego se sumergían en el agua. El Sacramento del Bautismo no es igual al Bautismo del Jordán. Es mucho más. Juan ya lo dijo: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo … El los bautizará con el Espíritu Santo” (Lc. 3, 16).

Cristo, al entrar a las aguas del Jordán, le dio significación especial al agua. De allí que el agua sea la materia del Sacramento del Bautismo.

En el Bautismo, por obra del Espíritu Santo –del Espíritu de Dios- el ser humano, nacido en el pecado heredado de nuestros primeros progenitores, recibe la vida de Dios que es la Gracia, la cual borra el pecado original.

Además, por medio del Bautismo Sacramento, somos hechos -nada menos- que hijos de Dios y pasamos a formar parte de la Iglesia que Cristo estableció.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad: si todo un Dios se humilla hasta pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que sí somos pecadores de verdad?

La Fiesta del Bautismo del Señor nos invita, entonces, a reconocernos pecadores, a arrepentirnos y a renovar esa vida de Dios que recibimos en nuestro Bautismo, para poder optar por el Reino de los Cielos. Que así sea.
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Homilia de Padre Jesus Marti Ballester
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