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4 Adviento |
Tema básico: Los dias finales de adviento nos dan la oportunidad
de agradecer a Maria por su parte en nuestra salvacion y por su ejemplo
que nos guia.
En el Cuarto Domingo de Adviento enfocamos en la Beata Virgen Maria. En
los annos pasados, nosotros los catolicos poniamos mucho enfasis en
Maria mientras nuestros hermanos protestantes la ignoraban. Eso esta
cambiando - y a veces son los cristianos evangelicos que nos hacen
recordar su papel importante. Hay himno que Johnny Cash canta, llamado
Merry Christmas, Mary. Aqui hay unos versiculos (no se preocupen, no lo
voy a cantar):
Feliz Navidad Maria, gracias por el nino
Gracias por el Senor Jesus, gracias por el nino...
Y te agradecemos Maria por ayudar en dar el don mayor de Dios al
hombre...
Feliz Navidad Maria, muchas veces nos olvidemos
de agradecerte por tu parte en darnos el mayor regalo de Navidadd.
Si, nos olvidamos de agradecer a Maria. Junto con Jesus, Maria tuvo el
mayor rol en nuestra salvacion. Por el poder del Espiritu Santo, Jesus
tomo su naturaleza humana de ella. Por los primeros nueve meses de su
existencia humana, fue totalmente dependente de ella. Despues de su
nacimiento, seguia dandole nutricion con su sustancia corporal. Cuido a
Jesus como toda madre cuida a su bebito pequeno. No debemos agradecerle
por eso?
Nuestro evangelio nos hace recordar que el papel de Maria no fue una
caminata por el parque. Hoy lo llamariamos un embarazo dificil. Por un
tiempo ella perdio el apoyo de su desposado. Sentia tan decepcionado
que querria divorciarla. Requirio la intervencion de un angel - en el
sueno - para ayudar a San Jose a entender. Todo eso debe haber causado
mucha angustia a la Beata Madre. Pero, como sabemos, ella no se
escondio. Vio a alguien que necesitaba a su ayuda. Era un acto lindo
visitar a su prima Isabel, ya en los meses finales de su embarazo.
Que gran ejemplo es Maria para nosotros. El papa Benedicto habla del
ejemplo de Maria en su enciclica. Nota que por mas de mil annos,
Cristianos han saludado a Maria como "Estrella del Mar." En dias
anteriores, marineros usaban las estrellas para guiarlos a su tierra.
Como el papa observa, "Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las
personas que han sabido vivir rectamente. Al lado de Jesus, Maria es la
gran guia para ir a nuesto hogar verdadero. El Santo Padre habla
directamente a Maria: Next to Jesus, Mary is the greatest guide for our
journey home. The Holy Father speaks directly to Mary: "Tú
viviste en contacto íntimo con las Sagradas Escrituras de
Israel...Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios,
Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo.
Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla
sobre nosotros y guíanos en nuestro camino."
Maria es la gran estrella de nuestras vidas. Los dias finales de
adviento nos dan la oportunidad de agradecer a Maria por su parte en
nuestra salvacion y por su ejemplo que nos guia:
Feliz Navidad Maria, gracias por el nino
Gracias por el Senor Jesus, gracias por el nino
Navidadd esta aqui otra vez paz en la Tierra a los hombres de buena
voluntad
El aire esta lleno de sonidos alegres, saludos felices por toda parte
Dando y recibiendo regalos, tomando tiempo para agradecer a todos
nuestros amigos
Y te agradecemos Maria por ayudar en dar el don mayor de Dios al
hombre...
Feliz Navidad Maria, gracias por el nino
Gracias por el Senor Jesus, gracias por el nino
Feliz Navidadd Maria, muchas veces nos olvidemos
de agradecerte por tu parte en darnos el mayor regalo de Navidadd.
Feliz Navidad Maria
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4 Adviento
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Las Lecturas de este último Domingo antes de la Navidad nos
invitan a ir considerando la ya inminente venida del Salvador, en su
nacimiento en Belén.
La Primera Lectura (Is. 7, 10-14) nos habla del anuncio del Profeta
Isaías en un momento particularmente difícil del pueblo
de Israel. El Rey Acaz no quiere obedecer al Profeta para enfrentar la
situación en que se halla el pueblo: “Pide a Yavé tu Dios
una señal”, le indica el Profeta. Pero el Rey, dando una excusa
aparentemente piadosa, prefiere continuar con la decisión que ya
había tomado: solicitar la ayuda de los Asirios para enfrentar
al Reino del Norte.
Ante la desobediencia del Rey, el Profeta Isaías reprocha y
responde: Estos descendientes de David no les basta con cansar a los
hombres, sino que ahora también quieren cansar a Dios. Otro
será el descendiente de David que traerá la
salvación al pueblo: el Mesías. Pero ese descendiente
nacerá en la pobreza (cf. Is. 7, 15). Y la política
absurda del Rey Ajaz y sus sucesores va a traer la ruina total del
país (cf. Is. 16-17).
Como el Rey Ajaz no quiso pedir una señal para saber los deseos
de Yavé en esta coyuntura política, el Profeta anuncia
que Dios sí dará una señal: la venida del
Mesías prometido desde el Génesis.
“El Señor mismo les dará una señal: He aquí
que la Virgen concebirá y dará luz a un hijo y le
pondrán el nombre de Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”.
Esa señal sucederá 700 años después del Rey
Acaz y del Profeta Isaías. Nos viene en el Evangelio de hoy (Mt.
1, 18-24), en el que San Mateo confirma esta importantísima
profecía de Isaías acerca de la concepción y el
nacimiento del Mesías, al narrar cómo sucedió la
venida de Jesucristo al mundo, y concluyendo que todo esto
sucedió así precisamente “para que se cumpliera lo que
había dicho el Señor por boca del Profeta Isaías”.
En general las Lecturas de hoy nos hacen ver la procedencia humana y la
procedencia divina del Salvador. Jesucristo es verdadero Dios y
verdadero hombre. Así nos lo indica San Pablo en la Segunda
Lectura (Rom. 1, 1-7): “Jesucristo nació, en cuanto a su
condición de hombre, del linaje de David, y en cuanto a su
condición de espíritu santificador, se manifestó
con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección
de entre los muertos”.
Esta cita de San Pablo nos recuerda cómo se realiza el misterio
de la salvación. Con la Encarnación del Hijo de Dios en
la Virgen anunciada por Isaías, con su nacimiento en
Belén, con su Vida, Pasión, y Muerte, culminando en su
Resurrección gloriosa, se realiza el misterio de la
salvación del género humano. Y punto focal de ese ciclo
de nuestra redención es precisamente la Natividad del Hijo de
Dios que se había encarnado en el seno de María Virgen.
Todo un Dios se rebaja de su condición divina -sin perderla-
para hacerse uno como nosotros y rescatarnos de la situación en
que nos encontrábamos a raíz del pecado de nuestros
primeros progenitores. El viene a pagar nuestro rescate, y paga un
altísimo precio: su propia vida. Pero para poder dar su vida por
nosotros, lo primero que hace es venir a habitar en medio de nosotros,
al nacer en Belén.
¡Qué maravilla el milagro de la Encarnación! En
Jesucristo se unen la naturaleza divina con la naturaleza humana, pero
esto, sin que ninguna de las dos naturalezas perdiera una sola de sus
propiedades.
Pensemos lo insondable que es la naturaleza divina: Consiste
¡nada menos! en la plenitud infinita de todas las perfecciones.
¡Eso es Dios! Y ese Dios, esa Perfección Infinita se
rebaja, se anonada para hacerse humano. Pero en ese abajamiento no
pierde su Perfección plena e Infinita. ¡Qué grande
maravilla!
Ese insólito milagro sucede cuando el Espíritu Santo, el
Espíritu de Dios (la Tercera Persona de la Santísima
Trinidad) “cubre a la Virgen María con su sombra” y ella, por el
“Poder del Altísimo”, concibe en su seno al Hijo de Dios, al
Emmanuel, al Dios-con-nosotros. Así, el Verbo de Dios se encarna
en las entrañas de la Santísima Virgen María.
(Lucas 1, 35-37)
El relato del Evangelio de San Mateo nos muestra de manera muy sobria,
sin mayores detalles el sufrimiento de San José. Podemos intuir
cómo pudo haber sido este difícil trance: sus dudas ante
los evidentes signos de la maternidad de su prometida, María; su
angustia al no saber cómo actuar.
La Virgen se mantiene en silencio: lo que Dios le ha dicho
privadamente, Ella lo conserva en su corazón y no dice nada de
ello a José. El Señor suele actuar así, en forma
misteriosa y secreta. Y el Señor mantiene el secreto, hasta que
José, hombre bueno y santo, “no queriendo poner a María
en evidencia”, nos dice el texto evangélico, decide abandonarla
también en secreto. Pero Dios, que tiene su momento para
revelarse, le habla en sueños a José a través del
Angel: “María ha concebido por obra del Espíritu Santo”.
Y José cree lo imposible, igual que María en la
Anunciación creyó lo imposible. Ambos creyeron que para
Dios no hay nada imposible. Así, el Salvador del mundo se
había hecho Hombre, sin intervención de varón, por
obra del Espíritu Santo, en el seno de la Virgen anunciada por
el Profeta Isaías. ¡Misterio inmenso, increíble,
imposible!
Y José acepta, en humildad y en obediencia, ser esposo terrenal
de la Virgen Madre y ser padre virginal del Hijo de Dios. Ya
María había aceptado que se hiciera en Ella según
lo que Dios deseara, declarándose “esclava del Señor”:
“Yo soy la esclava del Señor. Hágase en mí
según tu palabra”.
Estamos ante San José, esposo virginal de la Virgen-Madre, la
persona que Dios escogió como padre terrenal de su Hijo.
Y vemos en él virtudes que podemos imitar para que el misterio
de la salvación, que ese Niño vino a traernos, pueda
realizarse en cada uno de nosotros:
. Fe por encima de las apariencias humanas.
. Humildad para aceptar sin cuestionar los designios de Dios.
. Obediencia ciega a los planes de Dios.
. Entrega absoluta a la Voluntad Divina.
Todas éstas son virtudes que observamos en San José y en
la Virgen. Todas éstas son virtudes que nos preparan para la
próxima venida del Señor. Todas son virtudes que podemos
tener si nos abrimos a las gracias que Dios nos da en todo momento,
pero especialmente en este tiempo de preparación para la Navidad.
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4 Adviento
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