24 Enero 20213 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
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Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
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Cuando Dios escoge... escoge. Eso lo han sabido muchos santos. Pero nadie lo supo mejor que Jonás, quien según nos cuenta el libro que lleva su nombre, pasó tres días dentro de una ballena.

¿Podrá ser verdad esto? Cuesta pensar en algo así. Pero lo desconcertante es que el mismo Jesús se refiere a la estadía forzada de Jonás dentro de una ballena para tratar algo tan trascendental como su futura Resurrección (Lc 11, 29-30).

Sin embargo, de Jonás lo más importante no es si estuvo o no tres días dentro de una ballena, sino que no quería hacer lo que Dios le pedía.

El Señor escogió a Jonás y este profeta creyó que escapando en un barco podía huir de Dios. El barco se vio metido dentro de una tormenta. Jonás es lanzado al agua al conocerse que la causa de la tormenta es la huída de Jonás. Y luego de ser tragado por una ballena, es lanzado por el animal cerca de la costa de Asia Menor para que de allí fuera a la ciudad de Nínive a predicar lo que el Señor le pedía.

El Señor buscaba que la gran ciudad de Nínive se convirtiera de sus vicios y pecados. Jonás entonces predicó lo que el Señor le indicó: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”. Sin embargo, sorprendentemente los habitantes de Nínive se convirtieron y creyeron en Dios, e hicieron penitencia todos. Dios, entonces, no destruyó la ciudad.

Otros elegidos de Dios son más dóciles que Jonás. Tal es el caso de los primeros discípulos escogidos por Jesús. Viendo a Andrés y a su hermano Pedro echando las redes de pescar en el lago de Galilea, les llamó para hacerlos “pescadores de hombres... y ellos, dejaron las redes y lo siguieron”. Respuesta inmediata y obediente a la escogencia del Señor (Mc. 1, 14-20).

Cuando Dios escoge, sus escogidos son instrumentos para lo que Él desea realizar. Y lo que Dios nos pide siempre es un cambio de vida. Esto incluye, primero que todo, dejar el pecado. 

Pero no basta esto. Es necesario pasar a una segunda fase: “creer en el Evangelio”. Y creer en el Evangelio significa vivir según el Evangelio. No basta conocer la teoría del Evangelio: es necesario vivirlo en la práctica. Es necesario cambiar la mentalidad que nos vende el mundo y a la que es muy fácil acostumbrarse.

¿Cuál es la mentalidad del mundo? La que nos lleva a quedarnos en lo temporal y a olvidarnos de lo eterno, a preferir lo terrenal y olvidarnos de lo celestial, a conformarnos con lo humano y a descartar lo divino, a creer en el mundo y a olvidarnos del Evangelio.

Y cuando Dios nos llame, no hay que seguir el ejemplo de Jonás: duro para responder. Hay que imitar a otros: a Pedro, Andrés, Santiago, Juan…. Ellos, sin pensarlo mucho, dijeron sí enseguida y siguieron al Señor. 

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