13 Enero 2019Bautismo del Señor

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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Bautismo del Señor
(13 de enero de 2019)

Mensaje: Como Juan el Bautista, no somos dignos, pero en Jesús nos hacemos dignos. Realmente podemos decir: "Estoy bien, estás bien, porque Él está bien".

Cuando estaba en la universidad, salió un libro popular: Yo Estoy Bien, Tu Estás bien. Escrito por el psiquiatra Thomas Harris, el libro alentó a afirmarse a uno mismo y a los demás. Es una filosofía agradable, pero ¿es realmente cierto? Como veremos al final de esta homilía, en un sentido es, o al menos puede ser, pero primero debemos enfrentar algunas verdades difíciles. Cuando observamos nuestra larga y triste historia, la bondad humana no brilla exactamente. Nuestra historia muestra guerras, codicia, tortura, violación, asesinatos, campamentos de concentración, genocidio. Y si eso no es suficiente, haga estas preguntas: si somos tan buenos, ¿por qué dos personas que están profundamente enamoradas, tienen tantas dificultades para permanecer juntos? ¿Y por qué amamos escuchar las fallas de los demás?

Algunas de las personas que más admiramos reconocen que no están bien. Uno de los hombres más grandes en la Biblia es el rey David. Sin embargo, cometió terribles pecados: adulterio y asesinato. Cuando el profeta Natán lo confronta, David admite: "He pecado contra el Señor". Luego David escribe un Salmo que dice: "Ten piedad de mí, oh Dios ... Mi pecado siempre está delante de mí".

Otra gran figura en la Biblia es Job. La desgracia le sucede a él y sus amigos creen que debe haber hecho algo mal para merecerlo. Job defiende su inocencia, pero cuando se encuentra cara a cara con Dios, dice: "Me desprecio y me arrepiento en polvo y ceniza".

Y hoy tenemos a Juan el Bautista. Jesús dice que ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista. Pero Juan, hablando de Jesús, dice: "No soy digno ...".

Esa es nuestra postura como católicos. Cuando asistimos a la misa, comenzamos a decirnos: "He pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omision ..." Cuando nos encontramos ante Jesús presente en la Hostia, decimos: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa ..."

Así que admitimos, no estoy bien. ¿Cómo entonces nos hacemos bien? Bueno, hoy vemos a Jesús, un hombre sin pecado, que acepta el bautismo en nuestro nombre. San Pablo nos dice que el nos salva por el bautismo, "no porque nos hubieramos hecho algo digno de merecerlo , sino por su misericordia".

A veces se escucha que los protestantes creen que somos salvos por la fe, mientras que los católicos dicen que somos salvos por obras. Eso no es verdad. El Catecismo de la Iglesia Católica tiene nueve párrafos sobre la justificación: cómo somos salvos. Son cortos y bien vale la pena leerlos. Indican claramente que estamos justificados, que estamos bien, no por obras, sino por gracia. El Catecismo cita el Concilio de Trento que describe la justificación como un regalo. El Catecismo tiene esta cita de San Agustín: “la justificación del impío [...] es una obra más grande que la creación del cielo y de la tierra” [...] porque “el cielo y la tierra pasarán, mientras [...] la salvación y la justificación de los elegidos permanecerán." (# 1994)

Con eso en mente, resumamos. Como Juan el Bautista, no somos dignos, pero en Jesús nos hacemos dignos. Realmente podemos decir: "Estoy bien, estás bien, porque Él está bien". Aparte de Jesús, nos hundimos en la miseria y la desesperación como está sucediendo con tantos hoy. Pero al aceptar a Jesús, entablar una relación con él a través de la oración, los sacramentos y el cuidado de los marginados, somos justificados, somos salvos. No por cualquier acto de justicia, sino por rendirse a Jesús. En él y solo él nos ponemos bien. San Pablo dice que en Jesús estamos bien, somos "justificados por su gracia". Amén.

Death of a King . Escribí algo al respecto en el boletín. Muestra al Dr. King como era: un predicador bautista, un erudito que tenía sus propios demonios, pero que, sin embargo, usaba la Biblia, especialmente el Libro del Éxodo, para llamarnos a nuestras raíces. Martin Luther King habló sobre el Dios que ve nuestro pecado pero llama a algo mejor, no solo individualmente, sino también por los demás.

Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
Bautismo del Señor
Fiesta del Bautismo del Señor -
Domingo 1 del Tiempo Ordinario - Ciclo "C" -
13 de Enero de 2019 -

San Juan Bautista predicada e impartía en el Río Jordán un Bautismo de conversión. Quien se acercaba al Jordán se reconocía pecador y deseaba cambiar de vida.

De allí que llama la atención el que Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, se acercara a la ribera del Jordán, como cualquier otro de los que se estaban convirtiendo, a pedirle a Juan, su primo y su precursor, que le bautizara. Tanto es así, que el mismo Bautista, que venía predicando insistentemente que detrás de él vendría "uno, que es más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias" (Lc. 3, 15-16 y 21-22), se queda impresionado de la petición del Señor.

Y es que en esta escena en el Jordán podemos entender esas palabras de San Pablo: "Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió el pecado" (2 Cor 5, 21).

Jesucristo se humilla hasta pasar por pecador, hasta parecer culpable, pidiendo a San Juan el Bautismo de conversión! Pero es que tenía que ser así, porque la razón de su Bautismo en el Jordán era la misma que la de su Nacimiento: identificarse con nosotros que somos pecadores.

Por eso cuando San Juan Bautista no quiere bautizarlo, Jesús le insiste como queriéndole decir: a ti no te parecerá adecuado, pero en realidad sí está en completa armonía con el motivo de mi venida. Es que Cristo vino a identificarse con una humanidad pecadora: El vino a compartir nuestra culpa y a liberarnos de ella.

Entonces Juan Bautista al verlo venir de nuevo a Jesús exclamó: "He ahí el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo" (Jn. 1-29). ¿Qué significará eso de que Cristo es ahora el Cordero?

Antes de Cristo los israelitas sacrificaban corderos, buscando la expiación de sus pecados. Cristo, al cargar con nuestros pecados, se hace el verdadero Cordero de Dios, para salvarnos de nuestros pecados. Es lo que nos dice el Sacerdote al presentarnos a Cristo en la Hostia Consagrada antes de la Comunión: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…".

Y, al Cristo ser bautizado en el Jordán, como una respuesta a esta actitud de humillación de Jesús, "se abrió el Cielo, bajó el Espíritu Santo sobre El en forma de paloma y vino una voz del Cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado, el predilecto’" (Lc. 3,15-16 y 21-22)). El Padre revela al mundo Quién es ese bautizado: su Hijo, el Dios-Hombre.

Y en este bellísimo pasaje de la vida del Señor y de su Precursor, no sólo vemos la revelación de Jesucristo, como Hijo de Dios, sino también la revelación de la Santísima Trinidad en pleno: el Padre que habla, el Hijo hecho Hombre que sale del agua bautizado y el Espíritu Santo que aleteando cual paloma se posa sobre Jesús.

San Juan Bautista nos da el testimonio de lo que ve y escucha: por una parte, puede ver el Espíritu de Dios descender sobre Jesús en forma como de paloma. Las palabras del Bautista describiendo el Espíritu Santo hacen recordar la mención del Espíritu de Dios en el Génesis, antes de la creación del mundo, cuando "el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas" (Gen. 1, 2). Tal vez ese "aletear" del Espíritu Santo hace que San Juan compare ese "aletear" con el aletear de la paloma.

Un punto importante a notar en el Bautismo del Señor es que, al sumergirse Jesús en las aguas del Jordán, le confirió al agua un poder de sanación espiritual, le dio significación especial al agua. De allí que el agua sea la materia del Bautismo Sacramento, instituido después por Cristo, el cual nos borra el pecado original con el cual todos nacemos.

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo. Es recordar la necesidad que tenemos de purificar nuestras almas en las aguas del arrepentimiento y de la confesión de nuestros pecados. Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa.

Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la Voluntad de Dios, de manera que, así como los cielos se abrieron para Jesús al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros en el momento de nuestro paso a la otra vida y podamos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos, porque como su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad: si todo un Dios se humilla hasta pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que somos pecadores de verdad?
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