16 Diciembre 20183 Adviento

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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3 Adviento
Tercera Virtud de Adviento: Felicidad
(16 de diciembre de 2018)

Mensaje: Reconocer la felicidad como un deber moral, uno de los mejores regalos que puedes dar a los que amas.

Hasta ahora hemos visto dos virtudes de Adviento: paciencia y generosidad. Hoy vemos la tercera virtud o fuerza. Mencioné la semana pasada que esta podría sorprenderte. La tercera virtud de Adviento es la felicidad.

Puedes preguntar cómo la felicidad puede ser una virtud. Gran parte de la felicidad parece cuestión de suerte. Conozco familias donde un niño parece nacer alegre, mientras que el otro sale del vientre con una pequeña nube sobre su cabeza. El niño alegre atrae a todos, mientras todos mantienen su distancia del otro - y parece el que lo prefiere asi.

Y por supuesto, durante la vida las personas tienen diferentes fortunas. Cuando las cosas van bien, nos sentimos felices. Cuando van mal nos ponemos tristes. Entonces, ¿cómo puede la felicidad ser una virtud? La respuesta es que hay una parte de la felicidad que sí controlamos y esa parte es uno de los mejores regalos que podemos dar. He sido sacerdote por 47 años (mañana es mi aniversario) y sé que mi estado de ánimo puede afectar a los feligreses. Ser un sacerdote feliz es un regalo para los demás.

Cuando retenemos ese regalo, lastimamos a los demás. Considerar el efecto que un padre infeliz tiene en una casa. Y los padres, por supuesto, desean sobre todo que sus hijos sean felices. Un niño infeliz puede traer dolor sin fin a sus padres. Ahora no puedo decirle a nadie cómo hacer feliz a un niño. Pero creo que puedo decir algo sobre cómo una persona puede hacerse feliz. Antes de todo, debemos reconocer que la felicidad es una exigencia moral. San Pablo dice: "Alégrense siempre en el Señor".

Pablo nos ordena regocijarnos. Cuando estaba en la escuela secundaria aprendí el secreto de una sonrisa. Antes de entrar en una habitación, piensa en algo que te haga sentir agradecido. Traerá una sonrisa. ¿Y sabes qué? cuando una persona sonríe, eso la hace feliz, al menos por el momento. Y, por supuesto, una sonrisa, como un resfriado común, es contagiosa. Así que reconoce la felicidad como un deber moral. Si un pensamiento agradecido puede traer una sonrisa, cuánto más gratitud a Jesús. Regocíjate siempre en el Señor. Si la felicidad es una virtud moral, un deber, eso significa que debemos buscar la felicidad.

Como decimos en la Declaración de Independencia: vida, libertad y búsqueda de la felicidad. Esto no significa la búsqueda del placer. El placer seguro es bueno. Dios creó el placer para acompañar las actividades necesarias: comidas, ejercicio, sueño, procreación. Si, sin embargo, perseguimos el placer de una manera desordenada, trae tristeza. Por otro lado, perseguir la felicidad significa buscar la excelencia. Cuando nuestros fundadores hablaron sobre la búsqueda de la felicidad, lo decían en el sentido clásico: la felicidad implica la realización de todo su potencial. Por eso la felicidad es nuestra tercera virtud. Sigue la paciencia y la generosidad.

De hecho, la paciencia y la generosidad proveen los bloques de construcción para la felicidad. Por la paciencia y la generosidad una persona realiza su verdadero potencial. Perseguir la felicidad no significa ser Pollyanna. Ya sabes, poner una cara feliz. La vida trae terribles tragedias. El engaño y las decepciones nos rodean. Y cualquiera de nosotros puede caer en el blues si muere una persona querida. El verano no era igual sin la hermana Barbara. San Pablo conoció el sufrimiento y la traición. Hace una lista de pruebas con las que pocas personas pueden competir. Sin embargo, nos dice que siempre seamos felices. "Alégrense siempre en el Señor". Para aclarar su punto, agrega: "Se lo repito: ¡alegrense!" Apague las redes sociales y acuda al Señor.

Él tiene un plan perfecto para ti hoy. Él permite las pruebas para un propósito. Victor Frankl encontró proposito en un campo de concentración y se convirtió en uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX. Immaculee Ilibagiza descubrió la paz incluso en los horrores del genocidio de Ruanda. Veremos su secreto la próxima semana cuando presente la cuarta (y última) virtud de Adviento. Hasta ahora hemos visto tres virtudes: paciencia, generosidad y felicidad. La cuarta virtud los une y los hace funcionar. Eso es para el próximo fin de semana, cuando estamos al borde de la Navidad.

Hoy, reconocer la felicidad como un deber moral, uno de los mejores regalos que puedes dar a los que amas. Sea cual sea la prueba a la que te enfrentes, el Señor la ha enviado para que puedas alcanzar tu máximo potencial. Como dice San Pablo: "El Señor está cerca". Por eso, "en todo, orando y pidiendo con acción de gracias, dé a conocer su petición a Dios ..." (pausa) "Regocíjese siempre en el Señor. Lo diré de nuevo, me regocijo". Amén.
 


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
3 Adviento
Domingo 3 de Adviento - Ciclo "C"
16 de Diciembre de 2018

Ya más entrado el Adviento, las lecturas nos hablan de alegría, pues ya está más cerca la venida del Señor.
La Primera Lectura (So. 3, 14-18). "Alégrate, hija de Sión, da gritos de júbilo ... No temas ... el Señor tu Dios está en medio de ti. El se goza y se complace en ti". ¿Por qué hemos de estar alegres? Porque "el Señor ha levantado la sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos". Es la salvación realizada por Cristo lo que se nos anuncia aquí. Tanto es así que el Arcángel Gabriel hace eco de estas palabras cuando anuncia a la Santísima Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios en su seno: "Alégrate, el Señor está contigo ... No temas María, porque has encontrado el favor de Dios ... concebirás y darás a luz a un Hijo" (Lc. 1, 28 y 30).

Desde que Jesús vino al mundo como Dios verdadero y como Hombre también verdadero, podemos decir con San Pablo en la Primera Lectura (Flp. 4, 4-7): "el Señor está cerca", porquecada día que pasa nos acerca más a la venida del Señor. «Sí, vengo pronto», nos dice el final del Apocalipsis (Ap 22, 20) ¿Cuándo será ese momento? Nadie, absolutamente nadie, lo sabe con certeza. Eso nos lo ha dicho Jesús. Pero también nos ha hado algunos signos que El mismo nos invita a observar. (Mt 24, 4-51; Lc 21, 5-36). 1.) Muchos tratarán de hacerse pasar por Cristo. 2.) Sucederán guerras y revoluciones que no son aún el final. 3.) Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. 4.) Terremotos, epidemias y hambres. 5.) Señales prodigiosas y terribles en el cielo. 6.) Persecuciones y traiciones para los cristianos. 7.) El Evangelio habrá sido predicado en todo el mundo. 8.) La mayor parte de la humanidad estará imbuida en las cosas del mundo y habrá perdido la fe. 9.) Después se manifestará el anti-Cristo, que con el poder de Satanás realizará prodigios con los que pretenderá engañar a toda la humanidad. ¿Cómo volverá Jesucristo? Primeramente, aparecerá en el cielo su señal -la cruz-; vendrá acompañado de Ángeles y aparecerá con gran poder y gloria. (Mt. 24, 30-31)

Entonces ... ¿qué hacer? También nos lo dice el mismo Jesús: «Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.» (Lc 21, 36) San Pablo también nos responde con la misma consigna: "No se inquieten por nada; más bien presenten sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud". La oración es, sin duda, un ingrediente importantísimo de entre las cosas que hemos de hacer para prepararnos a la venida del Señor. Pero ¿qué más hacer? Con la oración como punto de partida, la Misa dominical que no debe faltar, arrepentimiento y Confesión sacramental de nuestros pecados y la Comunión lo más frecuente posible, debemos realizar el ideal del cristiano que conocemos. Sin embargo, el Evangelio nos presenta a un personaje muy central de esta temporada de Adviento, preparatoria a la Navidad. Se trata de San Juan Bautista, el precursor del Mesías. El era primo de Jesús, recibió el Espíritu Santo aun estando en el vientre de su madre, cuando la Santísima Virgen la visitó enseguida de la Encarnación del Hijo de Dios. Llegado el momento, San Juan Bautista comenzó su predicación para preparar el camino del Señor; es decir, para ir preparando a la gente a la aparición pública de Jesús.

Y al Bautista le preguntaban "¿qué debemos hacer?" (Lc. 3, 10-18). Y él les daba ya un programa de vida que parecía un preludio del mandamiento del amor que Jesús nos traería. "Quien tenga dos túnicas que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo". los publicanos, funcionarios públicos les decía: "No cobren más de lo establecido, sino conténtense con su salario". A los soldados: "No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente". Ahora bien, siguiendo la tónica del Adviento, este tiempo preparatorio a la Navidad, las lecturas nos llevan de la primera a la segunda venida del Salvador. El mismo Precursor del Señor nos habla no sólo de la aparición pública del Mesías allá en Palestina hace poco menos de dos mil años, sino que también nos habla de su segunda venida: "El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue". Clarísima alusión al fin del mundo, cuando Cristo separará a los buenos de los malos: unos irán al Cielo y otros al Infierno, al fuego que no se extingue.

En la segunda venida de Cristo, seremos resucitados: los buenos a una resurrección de gloria y los malos a una resurrección de condenación para toda la eternidad. Felicidad o infelicidad eternas. Pensando en la primera venida de Cristo, cuando nació en la humildad de nuestro cuerpo mortal, recordemos también nuestra futura resurrección al final de los tiempos. Así ésta y todas las Navidades puedan servirnos para aprovechar las gracias divinas que se derraman al recordar el nacimiento de Jesús en la tierra, de manera que esas gracias puedan traducirse en gracias de gloria para su segunda venida. Ese será el momento cuando nuestro cuerpo mortal va a ser transformado en cuerpo glorioso. Será la resurrección que sucederá en el día final. Es así como la Navidad o primera venida del Mesías continúa siendo un recordatorio y un anuncio de su segunda venida. Que la venida del Señor esta Navidad no sea inútil, de manera que la celebración de su primera venida nos ayude a prepararnos a su venida final en gloria, para ser contados como trigo y no como paja. Oración y vigilancia es lo que nos pide el Señor: orar y actuar como si hoy -y todos los días- fueran el último día de nuestra vida terrena.

Lo importante no es saber el cómo. Lo importante no es saber el cuándo. Lo importante es estar siempre preparados. Lo importante es vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra.

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