15 Julio 201815 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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15 Tiempo Ord
Efesios Semana 1: En Amor Nos Destinó
(15 de julio de 2018)

Mensaje: Dios elige y nos predestina. Él no quita nuestra libertad y responsabilidad, sino puede usar nuestros errores y pecados para lograr su propósito.

La semana pasada concluimos las homilías sobre la segunda carta de San Pablo a los Corintios. Hoy comenzamos una serie de 7 homilías sobre la carta a los Efesios. Pablo pasó 18 meses en Corinto y 3 años en Éfeso. Entonces, ambas comunidades conoce bien.

Sin embargo, las cartas son muy diferentes. En 2 Corintios, Pablo expone su alma. Él comparte su intenso sufrimiento, por ejemplo, que Dios le envió un espina en la carne, un ángel de Satanás para golpearlo para que no se hinche. Cuando comenzamos a Efesios, parece que Pablo se mueve de lo personal a lo cósmico. Él habla sobre el propósito de Dios antes de que el universo comenzara - para unir todo en Cristo. Su sangre proporciona el remedio para nuestras transgresiones, es decir, todas nuestras maldades.

Pablo dice que Dios nos escogió y nos destinó de acuerdo con ese propósito. A veces sorprende escuchar que los católicos creemos en la predestinación. Pero es cierto. Todo lo que sucede pertenece al plan eterno de Dios. "Él nos eligió en Cristo antes de crear el mundo", dice Pablo, "Determino que por medio de Jesucristo que fueramos sus hijos".

Hay que entender que la predestinación incluye la libertad humana. No podemos culpar a Dios por nuestros pecados; la larga historia de crueldad humana y traición nos pertenece a nosotros. La predestinación significa que Dios toma en cuenta incluso nuestros pecados para alcanzar su propósito eterno.

El presidente Abraham Lincoln hizo una poderosa declaración sobre el propósito de Dios, sus juicios. Después de cuatro años de guerra civil, la gente preguntaba: si Dios es tan sabio, tan benevolente, ¿cómo podría permitir que esto suceda? Cuando el final de la guerra parecía cerca, Lincoln pronunció estas palabras: "Esperamos afectuosamente, oremos fervientemente para que este azote de la guerra desaparezca rápidamente". Y agrega: "Sin embargo, si Dios quiere que continúe ... hasta que cada gota de sangre arrastrada con el látigo sea pagada por otro sacado por la espada, como se dijo hace tres mil años, aún así debe decirse 'los juicios del Señor son verdaderos y justos enteramente".

Recuerdo haber escuchado a un hombre cuyos parientes murieron en el Holocausto. El entrevistador preguntó cómo podía evitar la amargura. Respiró y respondió en voz baja, "como se dijo hace tres mil años, todavía debe decirse 'los juicios del Señor son verdaderos y justos enteramente'".

Pues, admito que es más fácil imaginar que somos parte de un universo al azar y sin sentido. Es más cómodo pensar que no existe el bien o el mal, ni es verdadero ni falso, ni es bueno ni malo - ningun juicio valido. Si bien ese punto de vista parece atractivo, quienes lo poseen están listos para juzgar a veces a grupos enteros. Todos juzgan porque en el fondo sabemos que hay lo correcto y lo incorrecto. La verdadera pregunta es: ¿solo tenemos juicio humano, un juicio que depende de quién tiene más poder o la voz más alta? ¿O hay también un juicio eterno y trascendente? Estoy del lado de Lincoln, "los juicios del Señor son verdaderos y justos enteramente".

Lo vemos en el Evangelio de hoy en que Jesús envía discípulos con autoridad sobre los espíritus inmundos. El mal no tiene la última palabra. Y San Pablo nos dice que a pesar de las tragedias de la vida, tenemos esperanza por causa de Cristo. Somos parte del plan que Dios trazó desde el principio.

Este punto de vista puede traer paz. El año pasado, mi amigo Padre Jim Lee fue diagnosticado con ALS - enfermedad de Lou Gehrig. Padre Jim tenía la costumbre de responder "estoy bendecido" cuando la gente preguntaba "¿cómo estás?" Contandoles a sus feligreses sobre el diagnóstico, habló sobre vivir un día a la vez, su deseo de continuar sirviendo y morir rodeado de feligreses, el Padre Jim concluyó: "Estoy bendecido".

Tú y yo podemos tener esa paz, incluso gratitud, cuando reconocemos que, aunque nuestras vidas parecen caóticas, lo que parece aleatorio en realidad es parte de un plan mayor.

Los cientificos nos dicen que para hacer posible la vida, ciertas variables tenían que establecerse en el primer micro segundo de tiempo. Dejaré esa discusión a los físicos, pero lo que sabemos de la Biblia es que Dios está igualmente presente en cada momento. Dios ve el fin del mundo con la misma mirada que ve el principio y este momento presente. Viviendo en un eterno ahora, Dios puede tomar en cuenta nuestras oraciones, incluso las que ofrecemos durante esta Misa.

Dios nos elige y predestina. Él no quita nuestra libertad y responsabilidad, pero incluso puede usar nuestros errores y pecados para lograr su propósito. Veremos más mientras continuamos con la brillante carta de Pablo a los Efesios. Esta es solo la primera de siete selecciones. Hoy vamos a llevar a casa esto: "Él nos escogió en Cristo antes de crear mundo. En amor, él nos destinó a la adopción a través de Jesús". Amén.

Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
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Domingo 15 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
15 de Julio de 2018 -

Uno de los himnos de alabanza y agradecimiento a Dios más bellos y significativos lo hace San Pablo en la Segunda Lectura de este Domingo. Es el comienzo de su Carta a los Efesios (Ef 1, 3-14):

"Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en El con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en Cristo -antes de crear el mundo- para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, y determinó -por pura iniciativa suya- que fuéramos sus hijos, para que por la gracia que nos ha concedido por medio de su Hijo amado, lo alabemos y glorifiquemos".

¡Maravilloso himno de alabanza y maravilloso programa de vida! ¡Qué alegría saber que Dios nos eligió -desde antes de crear el mundo- a ser sus hijos y a ser santos y puros ante sus ojos! Y que este inmensísimo privilegio ha sido por pura iniciativa suya.

Esto significa que es Dios Quien ha tomado la iniciativa primero. Es Dios Quien da el primer paso: es El Quien nos busca primero y nosotros tenemos la opción de responderle o de no responderle.

¿Y en qué consiste responderle? El indicio nos lo da el mismo San Pablo en este maravilloso himno a los Efesios: "El nos ha prodigado el tesoro de su gracia ... dándonos a conocer el misterio de su Voluntad".

San Pablo nos dice también que, por pura iniciativa divina, y por la gracia que nos ha concedido Dios en su Hijo Jesucristo, podemos ser hijos de Dios.

Veamos bien: ¿Somos hijos de Dios? Algunos sí, otros no. ¿Y no somos hijos de Dios todos? Creaturas de Dios somos todos, pero hijos de Dios sólo los que cumplen ciertas condiciones. Al menos eso es lo que nos dice la Palabra de Dios.

Lo dice San Pablo: "son hijos de Dios los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios" (Rom 8, 14). Y, no es sólo San Pablo sino también San Juan. Y San Juan nos lo dice al no más comenzar su Evangelio como para que lo tengamos bien claro desde el principio: "los que lo recibieron, que son los que creen en su Nombre, les concedió ser hijos de Dios" (Jn 1, 11-12).

¿Y no somos hijos de Dios por el Bautismo? Cierto. El Bautismo nos hace hijos de Dios. Pero, de hecho, hemos renunciado a ese derecho cada vez que hemos pecado, porque el pecado rompe nuestra relación con Dios. Pero esa relación se re-establece con el arrepentimiento y la Confesión. Así, arrepentidos y absueltos, volvemos a ser hijos de Dios.

Y ¿qué significará ser hijo, ser hijo de Dios? Significa que tenemos un Padre, que podemos llamar a Dios "Padre", porque realmente somos sus hijos ? si cumplimos las condiciones de hijos.

Por eso "Padre Nuestro" significa primeramente que Dios -que es Padre de Jesucristo- es nuestro Padre también, porque Cristo quiso compartir Su Padre con nosotros... sin nosotros merecerlo. ¡Por eso es que podemos llamar a Dios "Padre"!

Se nos ha dicho que somos "hijos adoptivos" de Dios. De hecho, otra traducción de Ef 1, 5 lo destaca así: "Determinó desde toda la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús".

¿Cómo es un hijo adoptivo? ¿Cuáles son sus derechos? Es alguien admitido a la familia, que, aunque no es hijo realmente, tiene los mismos derechos.

Pero en el caso de nosotros hijos de Dios, no somos realmente como los hijos adoptivos, porque el padre que adopta no ha comunicado vida al hijo adoptado. Pero Dios sí nos ha comunicado su Vida. Podrán llamarnos "adoptados", pero en el Bautismo hemos recibido la Vida Divina de nuestro Padre del Cielo.

Adicionalmente, somos herederos: "Con Cristo somos herederos también nosotros" (Ef 1, 11).

Y ¿cuál es nuestra herencia? El derecho al Cielo. Esa es nuestra herencia. Todos tenemos derecho a esa herencia. Lo que sucede es que muchos la rechazan (se ponen en contra de Dios) o la cambian por baratijas en esta vida (por los placeres y por apegos materiales, por el pecado).

Entonces, el llegar a ser hijos de Dios y heredar el Cielo es una opción. Una opción abierta a todos, inclusive a los no-cristianos. Pero esa opción supone condiciones. Una de estas condiciones es la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo. Esto es lo que significa el "recibir" a Jesucristo que nos habla San Juan. Y recibirlo es aceptarlo a El y aceptar su mensaje de salvación, que incluye todo lo que El nos ha propuesto y nos exige.

Otra condición, necesaria consecuencia de una fe cierta, es la que propone San Pablo: son hijos de Dios "los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios". Y dejarse guiar por el Espíritu de Dios es ir descubriendo y aceptando ?incondicionalmente- la Voluntad de Dios para nuestra vida. Es ir descubriendo "el tesoro de su gracia" encerrado en "el misterio de su Voluntad"

¡Qué maravilla también saber que podemos conocer la Voluntad de Dios Quien nos busca con su Amor infinito para que le respondamos con nuestro amor! Y su Voluntad es que lo amemos con ese Amor con que El nos ama: un amor que se abra a El, un amor que se entregue a El, un amor que no quiere a nada ni a nadie más que a El.

Y es obvio, porque además Cristo mismo nos lo pide. Nos pide que tanta gracia y tanto privilegio no se quede represado en nosotros mismos. Tanto favor no puede ser sólo para el bien personal. Estamos llamados a comunicarlo a los demás. Ese Amor debe fluir hacia los demás, nuestros hermanos, porque eso también nos lo exige Cristo.

Sin embargo, algunos tienen un llamado más específico. Sabemos que Dios, dentro de su libérrima libertad (valga la redundancia), escoge a algunos para misiones especiales. Tal ha sido el caso de los profetas, a quienes Dios suele escoger entre los más sencillos y humildes, de manera que la sabiduría y el poder de Dios se hagan más evidentes.

Hubo profetas a lo largo del Antiguo Testamento. Tal es el caso del Profeta Amós, del cual leemos en la Primera Lectura (Am 7, 12-15). Nos dice la lectura que ni siquiera venía de una familia de profetas; era un simple pastor y cultivador de higos. Y Dios lo envía a una tierra desconocida.

Y el Sacerdote del lugar lo quería expulsar, dándole unos argumentos poco válidos. Creía que Amós profetizaba como medio para ganarse la vida. Amós insiste: yo sólo sé que "el Señor me sacó del rebaño y me dijo: ?Ve y profetiza a mi pueblo, Israel?.

Es decir, Amós no flaquea, seguro del llamado de Dios que le ordena llevar su mensaje a los israelitas. Así es el verdadero profeta: sigue ciegamente las instrucciones divinas, no busca su propio interés, ni tampoco busca la aprobación de los hombres, sino que les lleva la palabra de Dios, les guste o no.

Hubo profetas antes, pero también los ha habido después. Y los hay ahora. Por citar sólo un caso de nuestra era: ¿qué son, por ejemplo, los pastorcitos de Fátima? ... Profetas. Fueron escogidos de entre los sencillos, humildes y desconocidos -pastores como era Amós- para comunicar a la humanidad un mensaje divino que les dio la Madre de Dios.

Si en ciertos casos Dios no ha escogido a gente desconocida, sencilla y humilde para sus misiones, los escogidos necesariamente deben llegar a ser sencillos y humildes. Y esta transformación sucede por la fuerza de la gracia divina y por su respuesta a esa escogencia y a esa gracia.

A otros los escoge Dios como Apóstoles. Tal fue el caso de los 12: sencillos, humildes y desconocidos también. Y a éstos, nos dice el Evangelio de hoy (Mc 6, 7-13), los envió Jesucristo de dos en dos a predicar el arrepentimiento de los pecados, la conversión. Les ordenó llevar para sus misiones sólo lo estrictamente necesario, para así estar entregados totalmente a la Providencia Divina, confiando plenamente en Dios, que nos da todo lo que realmente necesitamos para nosotros mismos y para el cumplimiento de la misión encomendada.

Este Evangelio nos narra lo que fue la primera misión de Jesucristo, el primer envío que hace de sus escogidos. Más detalles sobre esta misión pueden verse en el relato de San Mateo (Mt 10, 5-16). El mismo fue uno de los misioneros, ya que era uno de los 12.

En San Mateo tenemos una información adicional sobre la instrucción acerca del sitio de hospedaje: "En todo pueblo o aldea que entren, vean de qué familia hablan en bien y quédense allí hasta el momento de partir". ¿Por qué quedarse allí todo el tiempo? La misión no era una actividad de relaciones públicas. No se trataba de ir hospedándose en varios sitios para ir complaciendo a todos, sino más bien ubicar un sitio desde donde se irradiara la acción misionera.

El Señor ya estaba formando comunidad en la Iglesia que estaba comenzando a instaurar. Los envía de dos en dos, como para que su palabra no vaya por la boca de uno solo, sino que sea la expresión de un grupo, de una comunidad unidos por una misma fe. Posiblemente esta sea la misma razón por la cual pide que esa fe se irradie desde un solo sitio en cada pueblo: la casa donde se hospedaban desde el primer momento.

El uso del aceite también es un detalle importante. El aceite se usaba entre los judíos como vehículo de sanación física. El Señor ahora lo usa también como medio de sanación espiritual, pues recordemos que las sanaciones obradas por Dios, en este caso a través de sus Apóstoles, comportaban también principalmente una conversión o sanación espiritual.

Dos cosas son ciertas: la primera es que a todos nos ha llamado como apóstoles, como evangelizadores, pues nos dejó el mandato de llevar su mensaje a todas partes. "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación ... Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas ... pondrán manos sobre los enfermos y se sanarán" (Mc 16, 15-18).

La segunda, debemos ir a evangelizar con espíritu de pobreza y desasimiento, contando con que nuestra única riqueza es Cristo, su Gracia y la posibilidad de ser "una alabanza continua de su gloria", tal como lo canta el himno de San Pablo de la Primera Lectura.

Con un programa de vida así, es decir, en espíritu de Fe verdadera, con la confianza de saber que en el cumplimiento de la Voluntad de Dios se encierra el tesoro de su gracia, y poniendo lo recibido al servicio del Señor en los demás, podremos llegar a ser santos e irreprochables ante El, cuando ?llegado el momento- nos presentemos así ante el justo Juez y podamos recibir la herencia prometida: el Cielo en el momento de nuestra muerte y la gloria de la resurrección en Juicio Universal al fin de los tiempos. Que así sea porque hemos llegado a ser verdaderos hijos de Dios.
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