01 Julio 201813 Tiempo Ord

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
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13 Tiempo Ord
Lo Que Busqueda de Felicidad Significa
(1ero de julio de 2018)

Mensaje: La búsqueda de la felicidad significa buscar la excelencia, no para ser número uno, sino para cuidar a los demás.
La semana pasada celebramos el nacimiento de Juan el Bautista y escuchamos su llamado al arrepentimiento. Vimos que lejos de ser pensamiento negativo, el arrepentimiento es una de las cosas más positivas que una persona puede hacer: reconocer humildemente los errores, buscar el perdón y ayudar a retomar el rumbo correcto. El poder del arrepentimiento se aplica a nosotros como individuos y como sociedad. En el siglo XIX, un francés llamado De Toqueville observó: "La grandeza de Estados Unidos no es ser más iluminado que cualquier otra nación, sino más bien en su capacidad para reparar sus fallas". Como nación, podemos aprender de los errores del pasado, e hicimos muchos de ellos. Al mismo tiempo, podemos reconocer la buena herencia que hemos recibido. Este 4 de julio recordamos la declaración de que todos los hombres, todos los seres humanos, son creados iguales y que nuestro creador nos ha otorgado derechos inalienables: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Cuando nuestros fundadores hablaron sobre la búsqueda de la felicidad, no estan pensando en comidas deliciosas o vacaciones de lujo.

No hay nada mal en esos placeres, pero los fundadores querían algo más profundo: lo que St. Paul dice hoy, "sobresalen en todos los aspectos...". La búsqueda de la felicidad significa luchar por la excelencia, para alcanzar el máximo potencial. Esta idea de felicidad viene de los antiguos griegos, así como a los escritores cristianos como San Pablo o San Agustín. Buscar la excelencia no se trata de eclipsar a los demás. No significa que la gente vea lo inteligente que soy, cuánto dinero gano o qué coche tan bueno tengo. No, San Pablo deja en claro que buscamos la excelencia para ser generoso, como Jesús que se hizo pobre para ayudarnos. Seguimos el ejemplo de Jesús; buscamos la excelencia para cuidar a los demás. Pablo nos dice sobrellevar las cargas los unos de los otros. Como vimos hace un par de semanas, las personas viven en un mundo de dolor. Tenemos la epidemia de opiáceos y otras adicciones paralizantes. En nuestra sociedad abundante, tenemos personas, incluidos miembros de nuestras familias, que viven bajo puentes. Vemos el aumento del suicidio y la devastación que trae a las familias. Y, por supuesto, la plaga del pornografia que envuelve a los niños, los jóvenes y los no tan jóvenes. No hay una solución fácil.

La respuesta a este sufrimiento involucra lo que San Pablo habla hoy: fe, palabra y diligencia. Fe - caminamos por fe, por lo tanto, tenemos esperanza. Palabra: queremos las palabras correctas cuando nos encontramos con una persona lastimada. Diligencia, no ceder al desaliento, no desanimarte. Espero que podamos avanzar juntos en fe, palabra y diligencia. Hoy comienzo mi décimo año como su pastor. (Esperar los aplausos) Estos han sido buenos años para mí y hemos pasado por muchas cosas juntos. Honestamente puedo decir que han sido los años más felices de mi vida. Y fuimos bendecidos por la Hermana Bárbara y el Padre Valencia. Incluso en sus muertes podemos tomar algo para ayudarnos a seguir adelante. El 19 de agosto le dedicamos un memorial a la Hermana Bárbara. En cuanto al Padre Valencia, nuestros Caballeros de Colón, compraron un bello árbol de Cornejo que dedicamos en el aniversario de su muerte. Elegimos el árbol Cornejo por sus hermosas flores, pero luego descubrimos la leyenda que conecta el árbol Cornejo con la pasión de Jesús. No daré toda la historia, pero recientemente la vimos florecer en forma de cruz con una pequeña corona de espinas en el centro. La flor comienza perfectamente blanca y luego aparecen manchas rojas que se parecen como gotas de sangre. Tomé fotos de eso que puedes ver en el boletín.

La cruz es muy apropiada para el padre Valencia. Para él y para el pueblo aymara, su devoción es la cruz: abrazan la cruz, llevan la cruz y bailan ante la cruz. P. Valencia llevó su propio sufrimiento a la cruz. Por eso, podía irradiar una alegría maravillosa. Que su ejemplo nos ayude a seguir adelante. Sobresalir en todas las cosas significa abrazar la cruz. Nuestros Fundadores imaginaron una República de la Virtud donde las personas usarían su libertad no para la autocomplacencia sino para la excelencia. Recuerde, la búsqueda de la felicidad significa buscar la excelencia, no para ser número uno, sino para cuidar a los demás. Sobresalir en todas las cosas: en la fe, en la palabra y en la diligencia para cuidar a esa persona herida. San Pablo subraya esto al tomar una colección para los pobres en Jerusalén. Es una cuestión de igualdad, dice. Escucharemos más sobre la igualdad en las próximas semanas. Hoy le pedimos a Dios que nos ayude a destacar en todos los aspectos la fe, las palabras y la diligencia: para avanzar con gratitud por Jesús. Amén.


Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
13 Tiempo Ord
Solemnidad de San Pedro y San Pablo
Tiempo Ordinario Ciclo "B"
Viernes 29 de Junio de 2018 1ª Lectura (He 12, 1-11)

Lectura de los Hechos de los Apóstoles En aquellos días, el rey Herodes mandó apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan, y viendo que eso agradaba a los judíos, también hizo apresar a Pedro. Esto sucedió durante los días de la fiesta de los panes Azimos. Después de apresarlo, lo hizo encarcelar y lo puso bajo la vigilancia de cuatro turnos de guardia, de cuatro soldados cada turno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la comunidad no cesaba de orar a Dios por él. La noche anterior al día en que Herodes iba a hacerlo comparecer ante el pueblo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas y los centinelas cuidaban la puerta de la prisión. De pronto apareció el ángel del Señor y el calabozo se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: "Levántate pronto". Entonces las cadenas que le sujetaban las manos se le cayeron. El ángel le dijo: "Cíñete la túnica y ponte las sandalias", y Pedro obedeció. Después le dijo: "Ponte el manto y sígueme".

Pedro salió detrás de él, sin saber si era verdad o no lo que el ángel hacía, y le parecía más bien que estaba soñando. Pasaron el primero y el segundo puesto de guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la calle. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y caminaron hasta la esquina de la calle y de pronto el ángel desapareció. Entonces, Pedro se dio cuenta de lo que pasaba y dijo: "Ahora sí estoy seguro de que el Señor envió a su ángel, para librarme de las manos de Herodes y de todo cuanto el pueblo judío esperaba que me hicieran". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. Salmo responsorial (Sal 33) R. El Señor me libró de todos mis temores. L. Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo. /R. L. Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores. /R. L. Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias. /R. L. Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre que se refugia en El. /R. 2ª Lectura (2Tim 4, 6-8. 17-18)

Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a Timoteo. Querido hermano: Ha llegado para mí la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento. Cuando todos me abandonaron, el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará sano y salvo a su Reino celestial. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. Aclamación antes del Evangelio (Mt 16, 18) R. Aleluya, aleluya.-Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella, dice el Señor. R. Aleluya. Evangelio (Mt 16, 13-19) Lectura del santo Evangelio según san A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas?. Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le dijo entonces: "Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y Yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor Jesús.


Domingo 13 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B"
1º de Julio de 2018

Muchas curaciones y unas cuantas revivificaciones realizó Jesús entre sus milagros. El Evangelio de hoy nos trae una curación y una revivificación conectadas entre sí. Se trata de la hijita de Jairo, que muere mientras el Señor se retrasa en la curación de la hemorroísa (Mc. 5, 21-43). Sucedió que al llegar Jesús con los Apóstoles a Cafarnaún, al bajar de la barca se le acercó mucha gente. Entre la muchedumbre estaba el jefe de la sinagoga, llamado Jairo, quien le pide muy preocupado: "Mi hijita está muy grave. Ven a poner tus manos sobre ella para que se cure y viva". Mientras comenzó su camino junto con Jairo, el gentío seguía a Jesús y muchos lo tocaban y lo estrujaban. Entre éstos una mujer que desde hacía 12 años sufría un flujo de sangre tan grave que había gastado todo su dinero en médicos y medicinas, pero iba de mal en peor. Ella, llena de fe y esperanza en el único que podía curarla, se metió en medio de la multitud, pensando que si al menos lograba tocar el manto de Jesús, quedaría curada. Corrió un riesgo esta mujer, pues según los conceptos judíos era "impura" y contaminaba a cualquiera que tocara, por lo cual no debía mezclarse con el gentío, mucho menos tocar a Jesús. Por ello toca el manto, "pensando que son sólo tocar el vestido se curaría". ¡Así sería de fuerte su fe! Ella no sabía realmente quién era Jesús, pero tenía fe que la curaría. Todas estas consideraciones explican la tardanza de la mujer para salir adelante e identificarse ante Jesús, que pedía saber quién le había tocado el manto.

En efecto, nos cuenta el Evangelio que el Señor sintió que un poder milagroso había salido de El, por lo que preguntó -como si no lo supiera- quién le había tocado el manto. Se detuvo hasta que logró que la mujer se identificara. Y al tenerla postrada frente a El, le reconoce la fortaleza de su fe cuando le dice: "Tu fe te ha salvado". Notemos que el Señor no le dice que su fe la había "sanado", sino que la había "salvado". Y es así, porque toda sanación física en que reconocemos la intervención divina -y en todas interviene Dios, aunque no nos demos cuenta- no sólo sana, sino que salva. La sanación física no es lo más importante: es como una añadidura a la salvación. Si no hay cambio interior del alma, por la fe y la confianza en Dios, de poco o nada sirve la sanación física para el bienestar espiritual. En cuanto a las curaciones, otra cosa importante de revisar son las muchas maneras cómo Dios sana. Unas veces puede sanar en forma directa y milagrosa, como este caso de la hemorroísa: con sólo tocarlo. Otras veces usa medios materiales, como el caso del ciego, cuando tomó tierra la mezcló con saliva e hizo un barro que untó en los ojos del ciego. Otras veces no usa ningún medio, sino su palabra o su deseo. Unas veces sana de lejos, como al criado del Centurión. Unas veces sana enseguida, otras veces progresivamente, como el caso de los 10 leprosos, que se dieron cuenta que iban sanando mientras iban por el camino a presentarse a las autoridades.

Lo importante es saber que en toda sanación interviene Dios, aunque ni médicos ni pacientes lo consideren, es así: Dios sana directa o indirectamente. Toda sanación es un milagro en que Dios permanece anónimo... si no nos queremos dar cuenta de su intervención. Y cuando no hay sanación física, debemos saber que también Dios está interviniendo. Y hay que tener cuidado, porque las actitudes equivocadas que tengamos ante enfermedades -propias o de personas cercanas- pueden ser motivo de muchos males espirituales, debido a las actitudes de rebeldía y de rechazo con que tengamos ante ellas. Pero, aceptadas en Dios; es decir: aceptando la voluntad de Dios, aceptando lo que El tenga dispuesto en su infinita Sabiduría, las enfermedades pueden ser causa de muchos bienes espirituales.

Tal es el caso de un San Ignacio de Loyola, por ejemplo, quien se convirtió -y llegó a ser el Santo que es- mientras estaba convaleciente de una herida de guerra en su pierna. Volviendo al Evangelio: a todas éstas, ¡cómo estaría Jairo de impaciente por el retraso! Y, en efecto, en el mismo momento en que la hemorroísa está postrada ante Jesús, avisan que ya su hijita había muerto. Por cierto, la niña tenía 12 años de edad, el mismo tiempo que tenía la mujer con hemorragias. Jesús, entonces, prosigue el camino hacia la casa de Jairo, pero discretamente, con Pedro, Santiago y Juan. Notemos que Jesús trataba esconder los milagros más impresionantes. Con esto evitaba el ser considerado como candidato a un mesianismo político y temporal, muy distinto de su mesianismo divino y eterno. Al llegar a la casa, aplaca a todo el mundo y declara que la niña no está muerta, sino que duerme. Saca a todos fuera, y sólo delante de los tres discípulos y de los padres de la niña, la hizo volver del sueño de la muerte.

Para el Señor la muerte es como un sueño. Para El es tan fácil levantar a alguien de un sueño, como lo será, el levantarnos a todos de la muerte. Y de ese "sueño" nos despertará cuando vuelva para realizar la resurrección de todos los muertos. Esta niña volvió a la vida terrena, a la misma vida que tenía antes de morir. Todas las revivificaciones realizadas por el Señor -la del Lázaro, la del hijo de la viuda de Naím y ésta- son ciertamente milagros muy grandes. Pero mayor milagro será cuando a todos nosotros nos haga volver a una vida gloriosa, cuando nos resucite en el último día. Y será en forma instantánea, en "un abrir y cerrar de ojos" (1 Cor. 15, 51-52). Volveremos a vivir, pero no como estos tres del Evangelio, que volvieron a la misma vida que tenían antes. Cuando el Señor nos resucite en la otra vida, volveremos a vivir, pero en una nueva condición: con cuerpos incorruptibles, que ya no se enfermarán, ni sufrirán, ni envejecerán, sino que serán cuerpos gloriosos similares al de Jesús después de su resurrección. Más importante aún, nuestros cuerpos resucitados serán ya inmortales: ya no volverán a morir.

En la Primera Lectura (Sb. 1, 13-16; 2, 23-24), se nos explica el origen de la muerte. La condición en que Dios creó a los primeros seres humanos, nuestros progenitores, era de inmortalidad y de total sanidad: no había ni enfermedades, ni muerte. Pero, nos dice esta lectura del Libro de la Sabiduría, que la muerte entró al mundo debido al pecado y a "la envidia del diablo". Sin embargo, sabemos que solamente experimentarán la muerte eterna quienes estén alineados con el diablo, pues resucitarán para la condenación y estarán separados de Dios para siempre. Pero quienes estén alineados con Dios, ciertamente tendrán que pasar por la muerte física, que no es más que la separación de alma del cuerpo ?y eso por un tiempo. Pero después de la resurrección, vivirán para siempre (cfr. Jn. 5, 28-29; Hb. 9, 27). Y vivirán en un gozo y una felicidad tales, que nadie ha logrado describir aún. (cfr. 2 Cor 12, 4)

La Segunda Lectura (2 Cor. 8, 7.9.13-15) nos habla de solidaridad. San Pablo organiza una colecta en favor de los cristianos de Jerusalén que se encontraban pasando penurias debido a la malas cosechas en el año anterior, "año sabático", en que los judíos no sembraban, pues debían dejar descansar la tierra. San Pablo recuerda a los que tienen más, que su abundancia remediará las carencias de los que tienen menos. Y que los que no tienen en algún momento ayudarán a los que ahora tienen. Sin duda esto puede ser interpretado como aquel adagio popular: "hoy por ti, mañana por mí". Pero también se trata de que el compartir bienes materiales con los que poco tienen, enriquece con gracias espirituales a los que sí los tienen. Es así como el ejercicio de la solidaridad enriquece espiritualmente al que da, porque de esa manera "guarda tesoros para el cielo" (Mt. 6, 19-21). Y para estimular a los Corintios y a nosotros a ser generosos, San Pablo nos recuerda cómo Cristo, "siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza".

Sin duda se refiere San Pablo, no sólo a la condición de pobreza material de Jesús, sino también a lo que en otra oportunidad comunicó en su carta a los Filipenses (Flp. 2, 5-8): que Cristo, a pesar de su condición divina nunca hizo alarde de ser Dios y se rebajó (se hizo pobre) hasta pasar por un hombre cualquiera y llegó a rebajarse hasta la muerte y una muerte de cruz, la más humillante muerte que podía haber para alguien en su época. Esa "pobreza" de Cristo, ese rebajarse hasta parecer ser un cualquiera, esa "pobreza" por la que murió, nos ha hecho a nosotros "ricos", muy ricos, en gracias espirituales. Porque por la redención que obró con su muerte en cruz nos hizo herederos de una riqueza infinita, que no se acaba nunca y que dura para siempre: la Vida Eterna.
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