18 Junio 2017Corpus Christi

Homilia de Padre Phil Bloom
Stmaryvalleybloom.org
* Disponible en Inglés - ve Homilías Inglés
Corpus Christi
Vida en Cristo Semana 10: Punto Alto
(18 de junio de 2017 )

Mensaje: Vida en Cristo alcanza su punto alto en la Eucaristia, la Misa.
Feliz Dia del Padre!
Este anyo el Dia del Padre cae en el domingo de Corpus Christi - Cuerpo y Sangre de Jesus: tambien la homilia decima y final en nuestra serie Vida en Cristo. Comenzamos el Domingo de Pascua con el tema de obediencia que en su sentido profundo significa escuchar. Vida en Cristo significa escuchar a Jesus. Como vimos con los discipulos en el camino a Emaus, escuchamos a Jesus en la Biblia y los sacramentos, sobre todo, la Eucaristia, la Misa.

En el evangelio de hoy vemos dos dimensiones de la Eucaristia. Primero Jesus es el "pan vivo" bajado del cielo. Solo el responde a nuestra hambre. Podemos llenar nuestra vida con muchas cosas pero es como comer dulces y papitos. Dejan con nausea y malnutricion. Solo Jesus da nutricion verdadera.

Lo hace en una manera sorprendente - y esto es la segunda dimension de la Eucaristia: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida." Desde los primeros siglos cristianos han visto la Eucaristia no solo como un simbolo de como Jesus satisface nuestra hambre espirtual, pero comida real.

Es interesante que en tiempos de duda Dios ha confirmado este realismo por milagros eucaristicos. Unos milagros sucedieron hace anyos cuando carne humana se manifesta en la hostia. Otros milagros sucedieron mas recien, por ejemplo en Buenos Aires, cuando sangre aparecio en la hostia. Cientificos han examinado las hostia y determinaron que la carne es musculo de corazon y la sangre tambien es humana. Dejo a los cientificos analizar los milagros eucaristicos. Para mi las palabras de Jesus bastan: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida."

Jesus nos llena y nos da de comer. Te invito unirte conmigo en levantar a Jesus. Cuando levanto la Hostia, Cuerpo de Jesus, y el caliz, su Sangre Preciosisima lo hago no solamente para mi sino para ustedes. En forma similar levantaremos a Jesus este domingo el la procesion eucaristica.

En la conclusion de la misa recibiras una invitacion para participar en Adoracion Eucaristica. Te pido dar una hora para oracion ante Jesus realmente presente en el Santisimo. Si no puedes dar una hora, dar 30 minutos o aun una visita breve. Puedes usar tu visita para poner en practica lo que estamos aprendiendo en el curso biblico Echate al Agua: Como usar la Biblia - lecturas de la misa diaria - para oracion personal.

No te arrepentiras el tiempo pasado en oracion. Quizas te acuerdas lo que les conte el domingo de pascua. Es sobre dos hombres que estan cortando arboles. Uno trabaja ocho horas seguidas. El otro trabaja cincuenta minutos, se descansa por diez y luego comienza de nuevo. El segundo corta mas aboles. Como lo hace? No es mas fuerte que el primero. Cuando le preguntan de su secreto, les dice, "Durante el descanso, afilo el hacha." Toma tiempo para rezar. Todo ira mejor.

Este domingo quisiera ayudarte aprofundizar tu relacion con Jesus. Esta semana yo recibira ayuda porque tenemos nuestros dias anuales para sacerdotes. El tema es "Predicando y la Alegria de Sacerdocio." Espero aprender algo que ayudara al comenzar una serie para verano. Dicen que no se puede ensenar trucos nuevos a un perro viejo. Tal vez les demostrare equivocados. Eso es para el proximo domingo.
V Para hoy vemos que nuestra Vida en Cristo alcanza su punto alto en la Eucaristia, la Misa: "Soy el pan vivo que ha bajado del cielo...El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi y yo en el." Amen.
Homilia de la Parroquia Nuestra Senora de la Caridad del Cobre, Caracas
Homilia.org
Corpus Christi
Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo
Ciclo "A"
Domingo 18 de Junio de 2017

Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la hostia consagrada, en todos los sagrarios del mundo. Y allí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento de nuestra vida espiritual. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

El Jueves Santo Jesucristo instituyó el Sacramento de la Eucaristía, pero la alegría de este Regalo tan inmenso que nos dejó el Señor antes de partir, se ve opacada por tantos otros sucesos de ese día, por los mensajes importantísimos que nos dejó en su Cena de despedida, y sobre todo, por la tristeza de su inminente Pasión y Muerte.

Por eso la Iglesia, con gran sabiduría, ha instituido esta festividad en esta época en que ya hemos superado la tristeza de su Pasión y Muerte, hemos disfrutado la alegría de su Resurrección, hemos también sentido la nostalgia de su Ascensión al Cielo y posteriormente hemos sido consolados y fortalecidos con la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

La Eucaristía es el Regalo más grandeque Jesús nos ha dejado, pues es el Regalo de su Presencia viva entre los hombres. Al estar presente en la Eucaristía, Jesucristo ha realizado el milagro de irse y de quedarse. Cierto que se ha quedado -dijéramos- como escondido en la Hostia Consagrada, pero su Presencia no deja de ser real por el hecho de no poderlo ver. En efecto, es tan real la presencia de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero en la Eucaristía, que cuando recibimos la hostia consagrada no recibimos un mero símbolo, o un simple trozo de pan bendito, o nada más la hostia consagrada -como podría parecer- sino que es Jesucristo mismo penetrando todo nuestro ser: Su Humanidad y Su Divinidad entran a nuestra humanidad -cuerpo, alma y espíritu- para dar a nuestra vida, Su Vida, para dar a nuestra oscuridad, Su Luz.

Y nuestra alma necesita de ese alimento espiritual que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así como necesitamos del alimento material para nutrir nuestra vida corporal, así nuestra vida espiritual requiere de la Sagrada Comunión para renovar, conservar y hacer crecer la Gracia que recibimos en el Bautismo, gracia que es la semilla de nuestra vida espiritual. ?Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él? (Jn.6,56.)

Es así como, recibiendo a Jesucristo en la Eucaristía, dice el Señor a Santa Catalina de Siena, ?... el alma está en Mí y Yo en ella. Como el pez que está en el mar y el mar en el pez, así estoy Yo en el alma y ella en Mí, Mar de Paz ...?(cf. ?El Diálogo?).

El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de Amor, pues la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada es muestra del infinito Amor de Dios por nosotros, Sus criaturas, pues en la Eucaristía se hace presente nuevamente el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, Su entrega de Amor por nosotros los hombres.

Recordemos que Dios Padre nos entregó a su Hijo para pagar nuestro rescate, para redimirnos. ¡Qué precio para rescatarnos! ¡La Vida de Jesucristo entregada en la Cruz! Y esa entrega del Hijo de Dios por nosotros los hombres, se renueva en cada Eucaristía.

Es así como, al recibir a Jesucristo, todo Dios y todo Hombre en la Sagrada Comunión, recibimos Su Amor, y en virtud de esto somos templos del Amor Divino y testigos de ese Amor, para compartirlo con los demás y prodigarlo a todos. Pero para que se realice en nosotros y a través nuestro el contenido del Misterio Eucarístico es necesario recibir el Sacramento del Cuerpo de Cristo en estado de gracia.

¿Y qué significa estar en ?estado de gracia?? Recordando el Catecismo de Primera Comunión: La gracia es un regalo sobrenatural dado por Dios para ayudarnos en el camino que nos lleva al Cielo. Y la gracia se pierde por el pecado, es decir, por nuestro rechazo a Dios o a Sus Mandamientos. Asimismo, la gracia puede aumentarse con la oración, con las buenas obras y con los Sacramentos recibidos adecuadamente Por ejemplo: para comulgar bien se necesita, además de comprender a Quién se va a recibir y de guardar el ayuno requerido, no haber cometido pecado grave o haberlo confesado al Sacerdote, estando verdaderamente arrepentido.

Acercarnos, pues, a la Comunión con un corazón no arrepentido, no limpiado en el Sacramento de la Confesión, es ir a comulgar con un corazón cerrado, oscuro, que no permite la entrada de la Luz de Dios, con lo cual se oscurece uno más y se cierra más aún a la Gracia y al Amor de Dios.

Para comulgar bien Dios nos pide ir con un corazón puro, limpio y receptivo a El.
Por eso nos espera con Sus Brazos abiertos en el Confesionario, para que nos reconciliemos con El, sintiendo un verdadero arrepentimiento por habernos alejado de Su Voluntad y por haber despreciado Su Amor. Y es Jesucristo mismo Quien nos espera. Es El Quien nos escucha, nos perdona y nos consuela, para luego darnos la plenitud de Su Gracia y de Su Amor en el Sacramento del ?Corpus Christi?, la Sagrada Eucaristía.

Pero, además de estar en estado de gracia, para recibir a Cristo en la Eucaristía hay otras condiciones interiores, profundas, que están sobreentendidas y que a veces pasamos por alto:
? FE en la presencia real de Cristo en la Eucaristía
? CONFIANZA plena en Dios
La consecuencia de la Fe es la confianza. Fe y confianza en Dios son como dos caras de una misma moneda: no hay fe sin confianza y viceversa.
? ABANDONO Y ENTREGA TOTAL A DIOS
Al tener plena confianza en Cristo, podemos entregarnos a El sin reservas, totalmente, a todo lo que El tenga dispuesto. Estas disposiciones fundamentales de parte nuestra permiten que haya ?común-unión? o Comunión: unión de Cristo con nosotros y de nosotros en Cristo. Si no tenemos estas disposiciones, no puede darse la Comunión.

Recibimos a Cristo con nuestra boca. Pero eso no basta, pues tenemos que unirnos a El en el pensamiento, en el sentir, en la voluntad; con nuestro cuerpo, con nuestra alma (entendimiento y voluntad) y con nuestro corazón.

Bien claro pone esto la Liturgia de la Iglesia en la oración después de la Comunión el Domingo 24 del Tiempo Ordinario: ?La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida?.

Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro ?yo? el principio que guíe nuestra existencia.

¡Qué agradecidos debemos estar por el Amor Infinito de Dios al regalarnos la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada! ¡Qué agradecidos por poder recibir ese alimento tan necesario para nuestra vida espiritual! ¡Qué agradecidos porque Jesucristo se ha quedado con nosotros para ser nuestro alimento espiritual!
¿Qué sucede en la Misa?
Nos encantan y nos impresionan los milagros. Pero el que sucede en cada Misa, como no es visible, lo dejamos pasar. Y como estamos acostumbrados a la Misa,la tomamos como un derecho adquirido. Igual la Comunión. Pero la Santa Misa es un misterio inmenso: Dios mismo se hace presente en cada celebración eucarística. Y ¿nos damos cuenta de esto?

Y no sólo es que tenemos la Presencia Real de Jesucristo, sino que hay otros aspectos en este milagro imperceptible. Resulta que en cada Misa podemos decir que estamos en la Ultima Cena y estamos también en el Calvario.
Y esto no es simbólico. No es que recordamos la Ultima Cena y el sacrificio del Calvario, sino que ?de veras- la Santa Misahace presente estos dos eventosante nosotros y con nosotros.

¿Cómo puede ser esto? Es cierto que la Misa es un milagro y los milagros están por encima del orden natural que conocemos. Pero Dios los hace. Y este milagro lo hace cada vez que hay una Misa. De hecho, El nos hace traspasar el tiempo y el espacio en que estamos?aunque no nos demos cuenta. El que no nos demos cuenta, no lo hace menos real. Por eso debemos creerlo por fe. Pero también debemos comprenderlo para darnos cuenta de su magnificencia y así poder apreciarlo. Y es que hay más aún: también estamos en el Cielo cuando se está celebrando la Misa. (¿?) ¿Cómo es esto?
En realidad, hay una sola Liturgia Eucarística eterna, hay una sola Misa, y ésta tiene lugar en el Cielo de manera continua ? todo el tiempo. Eso lo sabemos por el Apocalipsis. Y por el Catecismo: "En la liturgia terrena ? participamos en aquella liturgia celestial? (#1090)

O sea, que al estar en Misa estamos donde sea que se está celebrando, pero además estamos en la Ultima Cena, estamos en el Calvario y estamos en el Cielo. O, dicho de otra manera, esas realidades se hacen presentes en la Misa en que estamos participando. Cuando estamos en la Iglesia en Misa, nos creemos encerrados en nuestro propio tiempo y espacio. Pero en realidad Cristo nos está invitando a traspasar el velo del tiempo, para elevarnos fuera de nuestro tiempo hasta el eterno presente divino, al santuario del Cielo, donde El nos lleva a la presencia del Padre (cf. Hb. 10, 19-21).

¿Nos damos cuenta, entonces, que en cada Misa estamos en la Ultima Cena, en el Calvario, en el Cielo y en la Misa en que participamos? ¡Tremendo milagro! Invisible, pero real.

Momento importantísimo en la Misa es participar en la Cena, es decirrecibir ¡a Dios! -a Jesús Dios y Hombre verdadero. Porque la Comunión no consiste solamente en que recibimos la Hostia Consagrada, sino en que recibimos ¡una Persona! ¡que es Dios! Y esa Persona-Dios quiere unirse íntimamente con quien lo recibe. ¿Nos damos cuenta de este privilegio indescriptible? Recibir la Comunión significa entrar en unión. No significa nada más que Jesús viene a nosotros: implica una relación de unión. Por tanto, ese deseo de Cristo unirse a nosotros requiere nuestra respuesta: debemos darnos a El como El se da a nosotros. Uno de los Padres de la Iglesia, San Cirilo de Jerusalén, nos regala una imagen eucarística que puede ayudarnos a apreciar y tomar conciencia de lo que significa Comunión: si vertimos cera derretida sobre cera derretida, una inter-penetra a la otra de manera perfecta. Se parece a la unión de Cristo con nosotros y de nosotros en Cristo cuando comulgamos.

En la Comunión estamos participando en el Banquete Celestial (Lc. 14, 15), el que disfrutaremos también por toda la eternidad cuando seamos llevados al Cielo y participemos, junto con toda la muchedumbre celestial, de la Cena del Cordero (Ap. 19, 9). ¡Dichosos los llamados a esta Cena! ? aquí en la tierra y allá en el Cielo. ?Estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voy y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conMigo? (Ap. 3, 20).

Mientras mejor preparados estemos para la Misa, más gracias recibimos. Las gracias de una sola Misa son ¡infinitas! ? es toda la gracia del Cielo. El único límite es nuestra capacidad para recibirlas.

¿Por qué Cristo es el Cordero?
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